domingo, 5 de abril de 2015

Jim Valvano y la hazaña de North Carolina State



“March Madness”, La locura de Marzo. El tiempo en el baloncesto colegial arrincona por unos días al universo profesional. Emoción, riadas de emoción. Drama, lágrimas a borbotones. Las esperanzas de miles de seguidores, de 64 colleges que ansían el cetro universitario. Espacio para la épica, para la gloria. Hasta Obama cruza todos los años su particular porra ganadora. 

¿Se puede en poco más de un mes pasar por encima de Jordan, Sampson y Olajuwon hasta la victoria final? Se puede. ¿Se puede ser acusado de prácticas ilegales y suspendido para el torneo NCAA? Se puede. ¿Se puede conmover a toda una nación con un discurso lleno de esperanza a escasos dos meses de la muerte? Se puede. Todo ello lo consiguieron un genio parlanchín y sus chicos de North Carolina State y merece ser recordado. “No te rindas, no rendirse jamás”, evocaba Jim Valvano a todo el que le quisiera escuchar. Su aventura cobró rango de epopeya y Sports Illustrated la clasificó como el momento más glorioso del baloncesto universitario del siglo XX. 

Ni el más optimista de los hinchas Wolfpack podría llegar a presagiar aquel 27 de marzo de 1980, en que se anunció la contratación de aquel locuaz y semidesconocido personaje que atendía al nombre de Jim Valvano como entrenador jefe de baloncesto de la Universidad de North Carolina State, que el destino de sus vidas iba a cambiar para siempre. Ni el curriculum vitae del charlatán de origen italiano invitaba al optimismo, ni en el plantel de jugadores se vislumbraba alguna futura estrella, ni el bagaje del centro era el más esplendoroso, pero… 

Antecedentes

North Carolina State siempre tuvo pedigrí. Creada en 1887 como North Carolina A&M, incorporó el baloncesto a su programa deportivo en 1908 para disputar su primer partido oficial tres años después frente a Wake Forest. Cambió el nombre al definitivo actual en 1920 y un año más tarde se estableció, con otros 13 colleges, como miembro fundador de la Conferencia del Sur. Bajo el impulso de Rochelle “Rojo” Johnson fueron apodados los “terrores rojos” por el bermellón brillante de sus equipaciones. En el 29, en el año de la Gran Depresión, obtuvo el primero de sus siete entorchados de Conferencia Sur. Bud Rose figura en el cuadro de honor de la escuela como su más temprano All-American en el 32. 


Tras la Segunda Guerra Mundial, fue nombrado entrenador jefe, por recomendación del mítico Chuck Taylor (sí, el de las zapatillas), un personaje que se demostraría fundamental, Everett Case. Ya en su estreno se haría con el título de la Sur y estableció una costumbre (típica hasta entonces en las celebraciones de los campeonatos de instituto de Indiana), la tala o el corte de las redes de las canastas, que hoy constituye una tradición festiva a lo largo del Globo (hasta EA Sports la incluye en sus videojuegos). En 1947 una votación estudiantil dio al equipo su nuevo apodo, Wolfpack (manada de lobos). Case activó la construcción y ampliación del nuevo pabellón, que había quedado detenida por el conflicto bélico, con lo que en su inauguración en el 49, el Reynolds Coliseum, pasaba por ser el mayor escenario baloncestístico de todo el sureste universitario con una capacidad para 12.400 espectadores. Un mes más tarde, la reluciente arena pasaría a ser la sede de otra brillante idea del “Viejo Zorro”, el Dixie Classic. En el torneo, la flor y nata del condado, The Big Four (Duke, UNC, Wake Forest y NC State), se enfrentaban a cuatro de los mejores proyectos de la nación. Se convirtió en el certamen más prestigioso de la temporada regular colegial (la edición del 58 congregó a 8 All-American) hasta que el FBI investigó el supuesto “afeitado de puntos” o arreglo de partidos en el año 61. 


Concluida la campaña 52-53, se consideró aliviar el peso de la Conferencia Sur, muy hinchada con 17 equipos, para engendrar la ACC (Conferencia de la Costa Atlántica), compuesta por los cuatro grandes, más Maryland, Clemson y Carolina del Sur (Virginia se añadió un año después). En el nuevo formato, los Wolfpack abrirían sus vitrinas a los tres primeros torneos locales con Ronnie Shavlik de estrella. Durante sus 18 temporadas, Case, aún sin alcanzar el nacional de la NCAA, obtuvo el mayor botín de títulos de la historia Wolfpack, pero el arqueo no se detiene en los simples logros sino que se amplía con sus innovadores tácticas o la formación de ayudantes (pupilos suyos fueron Vic Bubas –llegó a entrenar a Duke- y Press Maravich, que le sustituyó con el deterioro de su salud y que dos años más tarde entrenó a su famoso hijo Pete en LSU). En su debe queda que el centro educativo fue acusado de prácticas ilegales en el reclutamiento de jugadores y apartado del torneo final durante 4 años. En el 65, el día de su homenaje “no había un ojo seco en el lugar”, en silla de ruedas cuando ya el cáncer le carcomía, tuvo que ser auxiliado y aupado a hombros de sus discípulos para cortar sus últimas redes. El 30 de abril de 1966 falleció en un hospital de Raleign a los 65 años, dejando parte de su patrimonio a 57 de sus exjugadores. Frank McGuire le consideró el padre de la ACC. Visceral, gran motivador, con gran ojo para los negocios y la detección de talentos, dejó una huella imborrable en la escuela. 

Norm Sloan, David Thompson y el primer título 

Con la salida de Maravich, NC State pone su programa de baloncesto en manos de Norm Sloan, uno de los exjugadores predilectos del coach Case. Permaneció en Raleigh durante 13 temporadas, alcanzó 3 veces el título de la ACC y en 1975 posó con su célebre chaqueta a cuadros en la foto del primer campeonato NCAA. A principio de la década del 70 fabricó aquel cuadro ganador con la incorporación de Tommy Burleson, David Thompson, Monty Towe y Tim Stoddard. Concluyeron invictos (27-0) la campaña 72-73, pero la NCAA les prohibió la participación en la postemporada al descubrir irregularidades en el alistamiento de Thompson. Levantada la sanción, en el curso siguiente, 73-74, comparecieron al torneo final con un expediente casi inmaculado (una sola derrota ante la invencible UCLA). El partido con el que conquistaron el título de la ACC se recuerda como uno de los más bellos con victoria 103-100 sobre Maryland y 38 puntos de Tommy Burleson. En la Final Four se tomaron cumplida revancha de los californianos, derrotando a Bill Walton y compañía 80-77 después de 2 prórrogas, quebrando así la racha de 7 títulos consecutivos de los Bruins. Salvado el escollo angelino, el encuentro final ante Marquette resultó relativamente sencillo (76-64) con 21 puntos de Thompson, 16 de Towe, 14 de Burleson y Ríos, 8 de Stoddard y 3 de Spence. 

Sin lugar a duda, David “Skywalker” Thompson, ha sido el icono y mejor jugador de la historia Wofpack. “El cariño de Tobacco Road” se trataba de un portento físico con una salto vertical de 44 pulgadas que ya impresionó en su estreno al anotar 33 puntos y atrapar 13 rebotes. Su camiseta con el nº 44 fue retirada en 1975. Todavía se conservan sus records encestadores (2.309 puntos, a una media de 26,8 en 86 partidos). Nadie en NC State ha llegado a los 57 tantos que anotó frente a Buffalo State. Nombrado tres veces All-American y en dos ocasiones como mejor jugador universitario del año, su travesía profesional no respondió a las expectativas creadas por sus problemas con el alcohol y la cocaína. 


Número 1 de los drafts de la ABA (Virginia Squires) y NBA (Atlanta Haws) eligió caballo perdedor y se decantó por la efímera liga. Firmó por los Nuggets de Denver, que habían canjeado sus derechos a cambio de 5 jugadores con Virginia. Promedió en su debut 26 puntos, tercero del campeonato, y alcanzó la final donde los de Colorado cayeron por 4-2 frente a los Nets del mítico Julius Erving, pese a los 42 puntos de Thompson en el epílogo de una competición con tan sólo 9 años de vida. Denver y otras 3 franquicias se sumaron a la reforzada NBA y David mantuvo sus promedios (25,9) en su debut, dejando un mate de portada en la misma cara de Bill Walton haciendo añicos un tablero. La siguiente campaña, 77-78, mantuvo uno de los duelos anotadores más enconados que se recuerdan. George Gervin (Spurs) y David Thompson compitieron hasta el último aliento por el título de máximo anotador. Gervin partía con una exigua ventaja, con lo que Thompson (73 puntos) se esmeró frente a los Pistons. Gervin no se quedó atrás y masacró a los Jazz con 63 puntos para hacerse con el primero de sus 4 trofeos (27,22 puntos de promedio por 27,15 de su rival). En los playoffs, Thompson rubricó un contrato que le convirtió en el jugador mejor pagado de la historia de los deportes de equipo hasta ese momento (4 millones de $ por 5 años). En el 82 comenzó su cuesta abajo: sus enfrentamientos con Doug Moe, sus lesiones y fundamentalmente sus adiciones limitaron su rendimiento. En el 84 una caída por las escaleras de la discoteca Studio 54 de Nueva York le produjo una rotura de ligamentos que puso fin de manera casi definitiva a su carrera a los 30 años (su posterior intento de vuelta unos meses después en los Pacers quedó en agua de borrajas). Una pena. 

Llega Valvano 

En marzo del 80, Sloan dimite y toma el camino de regreso a Florida. La Universidad ofrece el cargo a Norman Wooten, probablemente el entrenador más afamado de high school de todo Estados Unidos, pero el coach lo consulta con su esposa y decide permanecer en DaMatta (donde estuvo 46 años) para disgusto de dos de los mejores Wolfpack, Sidney Lowe y Dereck Wittenburg, que habían jugado a sus órdenes en el célebre instituto. 


El siguiente candidato no despierta especial interés en el campus, pero es contratado. Se trata de Jim Valvano, un neoyorkino de Queens de origen italiano que había jugado para los Rutgers y no contaba con un bagaje demasiado extenso ni luminoso en los banquillos: primer entrenador en John Hopkins, Bucknell y Iona (a la que, con Jeff Ruland de estandarte, había llevado los dos últimos años a la NCAA). En la ancestral ACC, chocaba su desparpajo, su aire de vendedor ambulante y su seguridad en sí mismo. “Mi padre me dio el mayor regalo que cualquier persona podría darle a otra: creía en mí”, afirmaba orgulloso. El día de su presentación ya sorprendió a los chicos: “Vamos a ser campeones nacionales”, les soltó sin titubear. Es más, cada año dedicaban un entrenamiento específico a la ceremonia del corte de redes que tenía lugar tras la consecución de un título. “Lo que no se sueña no se logra, lo que no se entrena no se logra”, explicaba antes de aquella peculiar práctica, para que sus jugadores se visualizaran victoriosos. Sus diatribas, muchas de las cuales estaban inspiradas por el entrenador de los Packers de Tampa Bay, Vince Lombardi, alimentaban el espíritu ganador grupal de sus discípulos con términos como entusiasmo vitalicio. “Usted tiene que tener un sueño, un objetivo. Usted tiene que estar dispuesto a trabajar para ello”. Inculcaba la importancia del individuo dentro del colectivo “Una persona no se hace enteramente completa hasta que se hace parte de algo más grande que él”. En su primera temporada el recuento apenas equilibraba las victorias con las derrotas (14/13). Para la segunda, la mejora del balance (22/9) les llevó a la NCAA para caer a las primeras de cambio. Pese a ello, el Flautista de Hamelin seguía con su música, no se descorazonaba. Los mensajes calaban gradualmente en sus pupilos. 

La temporada 1982-83 

A los que creen que el principio de los 80 es la época de mayor nivel y máximo esplendor del baloncesto universitario no les falta razón. Por lo general, los jugadores aguantaban los 4 años, maduraban y las rivalidades entre colleges se robustecían. El curso que nos contempla se presentaba excitante. The Associated Press y United Press International coincidían en sus 9 primeras predicciones por este orden: Houston (con Olajuwon y Drexler), Lousville (los hermanos McCray), St. Johns (Chris Mullin), Virginia (Sampson), Indiana, UNLV (Sidney Green), UCLA, North Carolina (Jordan, Perkins y Daugherty) y Arkansas. Equipazos. A NC State las previsiones iniciales la relegaban al puesto 16 y 14 respectivamente, con lo que no partía en la parrilla de favoritos. 


Si la puesta en marcha de los Wolfpack fue alentadora (7-2), las ilusiones parecieron desvanecerse con la visita de Virginia el 12 de enero. Los locales cobraban ventajas por encima de los 10 puntos y su principal amenaza exterior, Dereck Whittenburg estaba desatado (27 puntos al descanso). Pero al realizar un lanzamiento lateral cae sobre un contrario y se lesiona un pié, por lo que tiene que abandonar la cancha. NC State echa de menos a su líder y se desvanece. Sampson se adueña definitivamente del partido que culmina con la victoria visitante 80-88. El retorno a vestuarios reafirma los peores augurios: el pie de Whittenburg está roto y se perderá el resto de temporada. Valvano da una patada a la puerta y se marcha furioso: a su equipo le han robado “el alma”. Pierden 3 de los 4 siguientes partidos. Con molestias, vuelve milagrosamente el lesionado, pero la dinámica no se corrige, hasta que una noche Whittenburg reúne a sus compañeros en el vestuario: “No volví para perder. O juegan duro o nos enfrentamos aquí ahora mismo”, les reta. Los gritos son escuchados por Valvano, que sonríe maliciosamente desde la habitación anexa. El espíritu ha regresado. Enrocan la tendencia, pero el arqueo final (17-10) no les hace merecedores de una invitación directa de una NCAA con 52 equipos (ahora son 64). O ganan su torneo de conferencia o se quedan fuera. Para ellos el todo o nada comienza antes. El Omni de Atlanta que encumbró a Dominique Wilkins les espera. 

La ACC 

Contra Wake Forest, Sidney Lowe empata con 2 tiros libres. Valvano revoca la decisión de los Demon Deacons de agotar la posesión: irán a robar la bola. Así Lowe la intercepta y asiste a Lorenzo Charles que recibe la falta de Alvin Rogers con 3 segundos para la conclusión. Falla el primero y convierte el segundo. Suficiente (71-70). 

Sus vecinos de North Carolina defendían título nacional, pero habían mantenido una trayectoria irregular (26-6). A 2 segundos y con empate a 70, Sam Perkins lanza desde 8 metros y el balón escupe milagrosamente el aro. En la prórroga los Tar Heels se sitúan 6 arriba con 2.13 por jugar, pero los equipos de Dean Smith nunca han sido conservadores (amarrateguis). Sin reloj de posesión por entonces, los de Valvano buscan la falta para llevar a la línea de personal a sus oponentes. Whittenburg se hace presente y sitúa a su equipo a 1. Los blancos se desmoronan en el tiro libre y Whittenburg adelanta a los suyos por línea de fondo. De ahí en adelante, la raya de personal designa al ganador: NC State (91-84). Whittenburg da inicio a un ritual conmovedor, corre para levantar y abrazar a su entrenador. 

Uno más y están en la NCAA. Para ello tendrán que superar a un viejo conocido, Virginia (27-3) con el mejor jugador universitario del momento, Ralph Sampson. Los pronósticos no les sitúan ni mucho menos como favoritos, pues han perdido sus últimos 7 encuentros contra los Old Dominions. A falta de 11 minutos y medio y 51-59, Valvano innova con 3 en zona y 2 sobre Sampson que les estaba machacando. El subterfugio funciona y se van limando distancias: un tiro largo de Gannon estrecha el marcador a 2. Bailey recurre a un gancho para adelantarlos y Whittenburg materializa un canastón para entrar en el último minuto 3 arriba. El pillo Gannon aparece como definitivo héroe tras robarle el balón de un manotazo bajo aro al gigante Sampson. 81-78. Campeones de Conferencia, cortado de redes y billete directo a la NCAA. “Podemos hacerlo” exclamaba Valvano a los cuatro vientos. Alguien recordaba la machacona cantinela del extravagante italoamericano “La gente común hace cosas extraordinarias”.

La NCAA 

En la puesta de largo del Gran Torneo ni el escenario ni el rival parecían de campanillas. La organización les había situado en un hotel de carretera en Carvallis. La habitación de Valvano tenía una cama y un espejo en el techo. Aquello tenía una pinta… En la cancha las cosas no podían comenzar peor: los Wolfpack erraban los 12 primeros lanzamientos que intentaron. Sin juego ni tino, sólo les quedaba la fe y la defensa para agarrarse al partido que llegó a su fin con empate a 47. La prórroga tomó tal cariz (6 abajo a 1 minuto) que cuando Sidney Lowe cometía su 5ª personal, los comentaristas televisivos dieron por concluida la trayectoria universitaria del base. El horario nocturno en la Costa Este tampoco ayudaba a que muchos hinchas permanecieran delante de la pantalla. Con su equipo en el patíbulo a Valvano no le queda otra que colocar a su oponente frente a la línea de personal. Ha elegido mal compañero de juego, pues Dane Suttle es el máximo encestador de la historia de su universidad y mantiene un 84% desde la línea del 4,60. En el banquillo de Pepperdine los jugadores celebran jubilosos la cercanía de la victoria, pero su timón falla el 1 + 1. En el contraataque Bailey vuela para hacer un mate y dejar el encuentro a 2 con 22 segundos. Suttle repite suerte (mala) desde la fatídica franja. Ahora el que es objeto de falta es Whittenburg, al que también le tiemblan las canillas, pero el rebote va a parar a Cozell McQueen (que, al ser zurdo, en el último momento ha decidido cambiar el lado de la bombilla con un compañero) y anota sus dos primeros puntos del partido para conducirlo a la segunda prórroga. En ella los incrédulos jugadores de Pepperdine parecen fantasmas y caen 69-67 después de que Whittenburg, esta vez sí, anote los dos tiros libres definitivos. 

Sin venir muy a cuento, en la previa del encuentro frente a UNLN, Sidney Green, la estrella de la universidad de “la ciudad del pecado” se muestra altivo y engreído al despreciar a su rival directo ¿Quién es Thurn Bailey?, pregonaba a los medios. Con 11 minutos y medio y 12 puntos de margen para los de Nevada, North Carolina State está contra las cuerdas, pero Bailey recoge el guante y demanda más responsabilidad ofensiva. Una canasta suya sitúa el marcador a 1 a falta de 42 segundos. Los Wolfback recuperan la posesión y disponen de 25 segundos para llevarse el encuentro. Un lanzamiento exterior no entra, tampoco el palmeo de Bailey, pero sí su posterior lanzamiento tras rebote (71-70). En los 3 segundos que restan los de un frustrado Tarkanian no logran anotar y la prensa bautiza a los de Raleigh como “el equipo del destino”, “la manada cardiaca” (cardiac pack). A los 27 puntos clásicos de Sidney Green, Thurn Bailey había opuesto 25 insólitos y orgullosos tantos. En el siguiente paso, NC State da un ligero respiro al corazón de sus seguidores con una victoria sencilla sobre Utah (75-56) con 27 puntos de Whittenburg. 

Las Finales Regionales o Elite Eight 

El panorama se iba aclarando o complicando, según se mire. Sólo 8 equipos sobrevivían para disputar las finales regionales. 

Houston se deshacía con solvencia de la Vilanova de John Pinone (89-71), con sus principales estrellas a pleno rendimiento: Micheaux 30 puntos y 12 rebotes; Olajuwon 20 puntos, 13 rebotes y 8 tapones; y Michael Young 20 puntos. 

Georgia con Terry Fair estelar (se había cargado a la St.John´s de Chris Mullin) bordaba el papel de “cenicienta”. Ahora mandaba para casa al actual campeón, North Carolina: los 26 puntos de Jordan, 15 de Daugherty y 14 Perkins se antojaron insuficientes frente al juego coral de los Bulldogs, que en la primavera anterior habían perdido a su estrella Dominique Wilkins, camino de la NBA. 

El duelo entre Lousville y Kentucky tenía su aquel. Aunque estaban en el mismo estado (pero en diferente conferencia), no habían disputado un encuentro entre sí desde el torneo NCAA de 1949. En su gran rivalidad se encontraba la causa para que desde entonces no programaran ningún partido. En esta ocasión, hubo que esperar a la prórroga para conocer al semifinalista: Lousville, que se impuso 80-68. 

Y tenemos por tercera vez juntos a NC State y Virginia para dirimir el último billete a Nuevo Mexico. El choque discurría con cortas ventajas para el favorito, Virginia (que acudía con una tarjeta de 29-4). A 7.37 NC State palma 49-56, pero los Wolfpack aprietan para reducir diferencias. A 3.49 Lorenzo Charles empata con una canasta cercana. Sampson es el siguiente en anotar. Whittenburg (24 puntos) restablece la igualada a 1.30. Virginia pretende mantener la posesión hasta el final, pero Valvano no está por la labor y recurre a su vieja estrategia: comprobar la templanza de sus rivales desde el tiro libre. La otra estrella Old Dominion, Othell Wilson sólo anota el primero. A menos de medio minuto, Sampson comete falta sobre Lorenzo Charles y éste se arma de valor para convertir los dos lanzamientos (63-62). Virginia dispone de una última bala, la defensa colorada colapsa las vías de pase sobre Sampson. A 7 segundos Tim Mullen marra un tiro frontal, el rebote lo captura Wilson, pero su postrero intento se queda corto. Sampson (23 puntos, 11 rebotes, 4 tapones) realiza otra demostración sideral, pero ninguno de sus compañeros anota más de 8 puntos. Malogra así su última oportunidad de alcanzar el título universitario (ni siquiera obtuvo el de la ACC en los 4 años). NC State lo ha vuelto a hacer. Valvano en la rueda de prensa habla de corazón y se esmera en dar las gracias a los chicos de último año, su columna vertebral (Lowe, Whittenburg y Bailey). 2000 fanáticos les esperan en la South Terminal. Valvano, en lugar de aislar a los suyos, los sitúa en el centro de la fiesta: “sólo disfrutarlo”, les diría eufórico. 

Final Four 

El partido de “las cenicientas” se tradujo en un dominio casi abrumador de NC State. James Banks hacía gala de orgullo y de un gran desacierto (3 de 16 al descanso) y Georgia no daba con el palo para atrancar la rueda que hacía girar Lowe ni cegaba la puntería de Whittenburg, que les aniquiló desde el perímetro. A Georgia, un novato en la NCAA, le había venido grande. 

El de los favoritos fue el partido del torneo. Grandioso. Houston acudía con 25 encuentros ganados seguidos, Lousville con 16. Sus bases, Alvin Franklin (Houston) y Milton Wagner (Lousville) condujeron a sus equipos de manera espléndida. Wagner incluso colaboró con 16 puntos al descanso para una merecida ventaja (41-36). Charles Jones (con 8 rechaces) había recortado la fortaleza de Olajuwon y Lousville dominaba incluso los tableros (26 a 15 rebotes). En la reanudación, parciales de abismo: el 7-0 de Houston voltea el marcador, el 14-2 de los Cardinals, con los McGray a los mandos, lo enloquece. Con 55-47 para Lousville, 13.10 por jugar y Micheaux eliminado por faltas, se desata el temporal: en menos de 6 minutos la racha de 21-1 para los Cougars (Pumas) de Houston decanta el encuentro que concluye 94-81. La exhibición será recordada siempre, Houston ha realizado 14 mates (11 en la segunda parte). Olajuwon y Drexler alcanzan los 21 puntos, Young 16. El pobre Denny Crum ha asistido a un fenómeno sobrenatural que no olvidará. 

Un día antes de la final todo el mundo apostaba por Houston, “incluso mi madre”, apostillaba socarrón Valvano. ¿Alguien ha conseguido pillar el número de la aeronave que pilotan estos chicos?, bromeaban los medios que les habían situado en un planeta propio, Phi Slama Jama. Un Olajuwon eufórico se atrevió a pronosticar: “Ganará el equipo que más mates realice”. Ante las injerencias de la prensa sobre la forma de detener el huracán tejano, Valvano confesaba a sus íntimos “si se creen que vamos a mantener el balón frente a millones de espectadores es que están locos”. Uno de sus ayudantes reconoce emocionado que la charla previa fue la mejor que nunca le oyó “los chicos no salieron por la puerta del vestuario, corrieron a través de la pared de ladrillos hacia la cancha”. Y de esa guisa casi suicida saltaron a The Pit (El Hoyo) de Alburquerque los Wolfpack. ¿Quién dijo miedo? Fallaron 14 de sus primeros 18 tiros, pero al descanso conservaban una ventaja notable (33-25) y habían cargado a Drexler con 4 faltas. La continuación devuelve la ferocidad a los Pumas (17-2). Con la delantera en el electrónico, Gus Lewis equivoca la estrategia y ordena congelar el balón a 10 minutos del final. Olajuwon (MVP de la final) acusa la altura, recibe un descanso y se coloca una máscara de oxígeno en el banquillo. Valvano reacciona y coloca a tres bases en pista. La maniobra se demuestra acertada, pues anotan 6 lanzamientos desde más allá de 6 metros. A falta 3.43 y desventaja de 44-50, rescata la argucia que le ha llevado a remontar 7 de los últimos 9 partidos: falta para detener el tiempo y forzar el 1 + 1 (sólo Drexler convertiría los 2). Con 1.05 y tablas, selecciona incluso el oponente al que realizarla, el base novato Alvin Franklin, que desaprovecha la oportunidad. En el definitivo ataque la zona abierta de Houston está a punto de robar el balón en dos ocasiones, Whittenburg “no sabía ni dónde estaba ni si tenía tiempo para tirar” realiza un lanzamiento de 10 metros que se queda corto y en el último segundo lo recoge Lorenzo Charles que hace un mate, El Mate, de la victoria (54-52). La apoteosis. Lowe había dirigido con precisión quirúrgica (8 puntos, 8 asistencias, 5 robos y 0 pérdidas), Whittenburg había aparecido cuando más se le necesitaba (14 puntos y 5 rebotes) y Bailey había mantenido el tipo (15 puntos y 5 rebotes). Quedará para siempre la imagen de Valvano corriendo como un loco buscando a alguien a quien abrazar. Su proclama: “Sobrevivir y avanzar” le ha dado el título de la NCAA. “¡El equipo cenicienta lo ha logrado! ¡El zapato de cristal ha entrado!”, vocifera el locutor tras asistir incrédulo a la mayor sorpresa de la historia del torneo. Esa generación de Houston probablemente sea, junto a los Fab Five de Michigan, el mejor equipo que nunca haya ganado la Liga Universitaria. En NC State, sólo Thurn Bailey sería primera ronda del draft (con el nº7) y el único que mantendría una carrera exitosa y estable en los “pross”. Nunca un equipo con tantas derrotas (10) alcanzó el título NCAA.

Y después 

NC State jamás ha vuelto a acceder a la Final Four. Con Valvano al frente conquistaron nuevamente el torneo de la ACC en 1987, culminaron como campeones de la temporada regular de la Conferencia en 1985 y 1989 y llegaron a la Elite Eight en el 85 y 86. Pese a contar con buenos jugadores: Chris Corchiani, Vinny Del Negro, Nate McMillan, “Spud” Webb (“Tom, si ese niño con gorra de hockey es Spud Webb, estás despedido”, le vaciló Valvano a su ayudante en el aeropuerto) o Chris Washburn , nadaron para no llegar a la orilla. 

Valvano se hizo famoso, muy famoso. Sus ingresos (inicialmente cobraba 50.000 $ en la Universidad) se multiplicaron exponencialmente. Hizo la correspondiente visita a la Casa Blanca con el equipo para ser recibidos por Reagan y se convirtió en una celebridad. De todos lados le requerían para dar charlas y entrevistas, pero según Whittenburg, al que 3 años después reclamó como asistente, se “olvidó del día a día, de ser entrenador e incluso reclutaba chicos de antecedentes cuestionables, pensando que podía cambiar a cualquiera”. 

A finales de los 80, el periodista Peter Golenbock publica un libro “Personal Fouls” en que denuncia malas prácticas en el programa de baloncesto de NC State. Acusa a algunos jugadores de vender entradas y zapatillas y de aceptar regalos (Charles Shackelford confesó haber recibido 65.000 $ de dos agentes y resultó implicado en varios amaños de partidos con apuestas ilegales), o de consumir cocaína (Chris Washburn fue expulsado de la NBA por tal motivo) y denuncia a la Universidad por saltarse la “Proposición 48” (mediante la que se exige un determinado nivel académico para su ingreso en las aulas) y por la manipulación de calificaciones. La NCCA prohibió a los Wolfpack participar en el torneo en 1990, pero el informe de la Comisión Poole refutó casi todos los cargos, estableciendo que Valvano y NC State “violaron el espíritu, no la letra de la ley” por su negligencia y falta de control institucional. Sólo se evidenció que algunos jugadores habían vendido entradas y material deportivo. Una comisión mixta compuesta por seis entidades no encontró ni reclutamientos ilegales ni irregularidades financieras, pero sí reveló que sólo 11 de los jugadores que entrenaron con Valvano hasta 1988 habían mantenido una calificación C o superior. Tras el escándalo, el daño estaba hecho. Valvano dimitió el 7 de abril de 1990 y dejó un título suficientemente esclarecedor en su autobiografía, “Me dieron un contrato para toda la vida y luego me declararon muerto”. 

Su espontaneidad, sentido del humor y conocimiento del juego hicieron de Valvano un excelente comentarista televisivo de partidos universitarios en ESPN y ABC Sports. En 1992 recibió el premio Cable ACE por sus comentarios y análisis y a día de hoy todavía se recuerda su peculiar dúo con Dick Vitale. 


El discurso 

En junio de 1992 a Valvano se le diagnostica un cáncer terminal de huesos. Con quimioterapia es posible que su vida se alargue otro año. 

El 21 de febrero de 1993 se conmemora el 10º aniversario del Campeonato. Los jugadores no están seguros de que el coach pueda asistir, pero aparece apoyado en su mujer por la bocana de salida del Reynolds Coliseum. Abraza a cada uno de sus chicos, se arrodilla ante Whittenburg que le corresponde y Bailey le ayuda a sentarse. En pie toma el micrófono y agradece a sus jugadores que le dieran esperanza, que le hicieran soñar, que le enseñaran la persistencia “nunca rendirse” y que se quisieran los unos a los otros: “Cuando tienes un sueño y le sumas el concepto de nunca dejes de creer y querer a cada uno de los demás, puedes lograr milagros”… “Hoy peleo una batalla distinta. Ven que tengo dificultad para caminar, la tengo. Y me cuesta estar parado por un período de tiempo largo, me cuesta. El cáncer me ha quitado muchas cosas…, pero prometo que nunca me rendiré en mi lucha. Y si por casualidad el Señor me quiere, él obtendrá el mejor presentador y exentrenador de basket que jamás haya tenido allá arriba”. Cantó, dio las gracias y arengó al público, a su público. 

Pasaba las horas entre su casa y el hospital de la Universidad de Duke, donde recibía la visita de uno de sus mejores amigos, Coach K, con el que intimó al final de sus días. Había sido invitado para la entrega de los Premios ESPY en Nueva York, pero su salud empeoraba. La llamada de Dick Vitale el día anterior le convenció para presentarse en el Madison ese 3 de marzo de 1993. En el vuelo el matrimonio Valvano se encontraba acompañado por los Krzyzewski y durante el mismo Jim no paró de vomitar. En el hotel le faltaban fuerzas hasta para vestirse, pero la llegada al recinto le proporcionó valor. Le tuvieron que ayudar para subir al escenario, más allí lo que iba a ser una alocución de tres minutos, se prolongó por más de diez. Bromeó sobre el tiempo que le quedaba cuando un regidor le marcaba tres minutos de charla. Su exposición ha pasado a la historia del deporte y la comunicación: “Hay tres cosas que deberíamos hacer todos los días… reír… pensar… y emocionarnos…” “Me gustaría pasar el tiempo que me queda y darles, tal vez, algo de esperanza a otros. Necesito su ayuda. Necesitamos dinero para investigación. Puede que no salve mi vida. Puede que salve la de mis hijas. Puede que salve a alguien que amen… Estamos empezando la Fundación Jimmy V para la investigación del cáncer y su lema es “No te rindas. Nunca te rindas”… El cáncer puede llevarse todas mis habilidades físicas, pero no puede tocar mi mente, no puede tocar mi corazón y no puede tocar mi alma. Y esas tres cosas van a continuar por siempre. Les agradezco y que Dios bendiga a todos”. Emocionante, conmovedor, enternecedor… 

Como anhelaba, Valvano no pudo lanzar la primera bola en la inauguración de la temporada de los Yankees el 12 de abril. En su lugar acudió su amigo y camarada Dean Smith. Falleció el 28 de abril y en su lápida reza el siguiente epitafio: “Tome tiempo cada día para reír, para pensar, para llorar”. Cerca de su tumba también descansa en el Cementerio Oakwood de Raleigh, Lorenzo Charles, que encontró la muerte a la misma edad que su coach (47 años), tras un accidente de autobús. 

La Fundación V lleva recaudados más de 100 millones de dólares y la lucha y el legado de su impulsor es un ejemplo para generaciones pretéritas, presentes y futuras.

Mi recuerdo emocionado para el gran Lalo García, que hace unos días nos dejó. Un referente en el baloncesto nacional y vallisoletano. 

Mi reconocimiento siempre a Raúl Barrera y Carlos Laínez. Siempre me hacéis sentir como en casa en la Fundación Pedro Ferrándiz Espacio 2014 FEB. A ti Carlos, gracias especiales por el diseño y la modernización del blog.

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