sábado, 1 de abril de 2017

Las lecciones del profesor John Wooden

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¿Qué se puede pensar de un técnico que la media hora inicial del primer entreno de la temporada la dedicaba a mostrar a sus muchachos cómo colocarse los calcetines y atarse adecuadamente las zapatillas? Que era un educador. Correcto. 

¿Qué diríamos si su puntilloso método no estuviera reñido con los resultados al atrapar 10 campeonatos universitarios? Que contenía un ganador. Correcto.

¿Qué afirmaríamos al conocer que durante 53 años estuvo gustosamente atado a una sola mujer a la que miraba como si se hubiese enamorado esa mañana? Que era un romántico. Correcto. 

¿Qué pensaríamos si después de retirado paseó su “Pirámide de Éxito” estudiada en las principales escuelas de negocios del mundo? Que era un filósofo, un adelantado a su tiempo. Correcto.

¿Qué valor adquiriría alguien elegido miembro del Hall of Fame en 1961 como jugador y en el 73 como entrenador (logro sólo compartido con los míticos Lenny Wilkens, Bill Sharman y Tom Heinsohn)? El de leyenda. Correcto.

Esto y mucho más fue John Wooden, probablemente el coach más reconocido (junto a Red Auerbach y Phil Jackson) de la historia del baloncesto. Su legado trascendió a cualquier deporte y a unas cuantas generaciones. Hacedor de equipos inolvidables, sus records escapan a épocas. 

Pasen que les voy a tomar la lección. 

sábado, 14 de enero de 2017

Camarada Biriukov, el hombre que vino del frío



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José Alexandrovich Biriukov Aguirregabiria. Así de rotundo y de redondo. Suena a ruso muy ruso, y a vasco muy vasco. Igual hubiera tenido acomodo en un refinado personaje de un clásico de Tolstói que en un papelito en la celebrada película de Martínez Lázaro (aunque Karra Elejalde le hubiera echado a faltar cuatro de los ocho apellidos exigidos), pero no. Chechu Biriukov fue jugador de baloncesto, y de los muy buenos. 

Hijo de una “niña de Rusia”, se crió en el estricto régimen comunista soviético, enraizó en el Real de Corbalán, Martín y Lolo en la “movida” Madrid de los 80, compartió habitación con el “genio de Sibenik”, vivió un sueño céltico en el Open McDonald´s, lloró la muerte de un amigo (Fernando Martín), digirió descorazonado el fugaz paso de George Karl, se le indigestó el “Angolazo”, dio la bienvenida a un ser superior (Arvidas Sabonis) y de postre el título europeo con el maestro Obradovic. ¿Tiene o no tiene una historia el chico de Doña Clara? Pues a contarla. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

Aquel All Star de Don Benito





Todo el mundo tiene alguna historia interesante que contar, pero en el caso de Julio una se distingue sobre las demás: organizó en su pueblo el All Star ACB del año 1985. El evento traía premio, el primer concurso de mates celebrado en suelo europeo. De ahí saldría un nuevo superhéroe con capa que en adelante acompañaría a la chavalería en sus carpetas de camino al instituto. David Russell, el ídolo de La Demencia, sembró fantasías voladoras y recogió cariño y admiración por todas las canchas de la geografía. 

La efemérides fue ofrecida, exportada y publicitada en directo por la única televisión de la época, TVE, en su primera cadena. El monocultivo mediático disparó la audiencia (ahora share) de la gesta (hoy, impensable, sería viral, trending topic o como convengamos denominarlo). Lo cierto, es que a la mañana siguiente, última del año, a los críos se les transparentaban los sueños y machacaban los envoltorios de los bocadillos en las papeleras de los parques, los camareros smachaban las propinas sobre los botes copados de calderilla de las barras y cualquier paisano supo que un hombre podía levitar, saltar a otro, aunque fuese un niño, en su viaje a la canasta. 

Hubo un antes y un después tras aquella maravilla para una generación de adolescentes. Así que conviene ascender al desván, revolver la hemeroteca y pararnos a rememorar aquel regalo de Navidad que llegó entre Papá Noel y los Reyes. 

sábado, 29 de octubre de 2016

Saras Jasikevicius, fuego báltico




Ganó 9 Ligas en 5 países diferentes, 4 Copas de Europa en 3 clubs distintos (caso único), un oro continental y un bronce olímpico con su selección, dos años en la NBA… y el dato definitivo: se casó con Miss Universo. Con algunos, a Dios se le fue la mano con el barro… ¿A quién no le gustaría reencarnarse en Sarunas Jasikevicus?

En Europa es un mito, una figura; en USA un simple mortal, un figurante. Aquí le veneramos con sus defectos, allí se los echaron en cara, le estigmatizaron y redujeron al papel de un mero tirador, como tantos otros. Pesadilla de aficionados y defensas rivales. Azote para los árbitros. Estandarte allá donde paró. Nunca dejaba frío. Fuego báltico en un país helador. Si Lituania siempre tuvo un rey (Arvidas Sabonis, el mayor talento que ha parido la Vieja Europa), dos príncipes le flanquearon Sarunas Marciulionis (que triunfó de pleno en la NBA) y Sarunas Jasikevicius (que acotó su dominio al Continente). En éste nos pararemos. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Mike Hansen, I love this game


De cuando se batía en duelo en los patios y canchas madrileñas frente a mi amigo Juanjo Ranea “el mejor jugador de Mini que he visto en mi vida”, según Mike, han pasado muchos inviernos, casi todos ligados al baloncesto. Se formó en las canteras de Canoe y Estudiantes, saltó el charco junto a su añorado Sergio Luyk, capitaneó la universidad donde cimentó un tal Shaquille O´Neal  su leyenda, rascó chapa (bronce) en el Europeo de Roma, pero quedó fuera de la lista definitiva de Díaz Miguel para los Juegos del 92 de Barcelona. Regresó a España, jugó en una riestra de equipos ACB y triunfó como expatriado en Alemania. Disfrutó siempre en todos los apeaderos de su extenso camino.
El niño que en las madrugadas de marzo ansiaba algún día jugar la NCAA cumplió su sueño. Ahora el adulto se ha liado la manta a la cabeza para embarcarse en otra aventura onírica y fascinante: devolver a Valladolid a la élite del basket. Así es Mike Hansen, otra historia de amor perenne con el baloncesto.