lunes, 6 de julio de 2015

Elmer Bennett, un americano con txapela

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“No me cambiaría por un jugador de la NBA. Me gusta la vida en España, mis dos hijos han nacido en Vitoria y este tipo de baloncesto me va más. Allí todo es más individual”. Al “hereje” que se manifestaba de esta guisa, le costó 5 años de sinsabores y probaturas darse cuenta de que su sitio (incomprensiblemente) no se encontraba entre los profesionales USA. “En la NBA hay 20 jugadores de un nivel altísimo, el resto son iguales. Todo depende de si tienes suerte y encuentras un lugar adecuado”, remarcaba. El lustro sólo le había dado para 21 partidos con 4 zamarras diferentes (Cleveland, Phildelphia, Houston y Denver) de la mejor competición mundial hasta que dio el salto a la vieja Europa. 

El siempre atento Alfredo Salazar había reparado en el base rápido, cerebral y anotador que había llevado (junto a dos históricos ACB, Rod Mason y Shelton Jones) a los Olkahoma City Cavalry hasta el campeonato CBA la temporada 96-97. A la que pudo, siguió los consejos de Mason “además de gran jugador, es buena persona. Imposible que os dé problemas” para traerlo a Vitoria, en una maniobra que cambiaría el devenir de la franquicia de la capital vasca. En unos días a Elmer Bennett pasarían a nombrarlo “Benito”, en unos meses la Plaza de la Virgen Blanca se acostumbraría al bullicio feliz de sus gentes, que de continuo la poblaban para celebrar orgullosos los triunfos y títulos de uno de los emblemas de la ciudad, su Baskonia. 

La estancia en Gasteiz se prolongó 6 maravillosos años. Después emigró al Madrid, en una tormentosa época para el Real, impartió magisterio en la emergente Penya y salvó de los infiernos al Caja San Fernando a orillas del Guadalquivir. 11 temporadas de uno de los mejores y más rentables americanos que han pasado por aquí, de los que de verdad dejaron poso. Nunca una lesión en el cuello (lo que le descartó aquel verano para el Olympiakos) nos resultó tan sana. 



El centro de la rueda

Comenzó a jugar al baloncesto bien pronto. Con 7 años seguía a su hermano mayor Stacey, detrás de un balón naranja. Se mudaron de Evanston (Chicago) a Bellaire (Texas) y en el instituto ambos desfogaron sus primeras ansias baloncestíscas. Cuando Stacey se graduó, Elmer tomó el testigo de máximo anotador del bachillerato. En su temporada senior en high school promedió 35 puntos por encuentro con un cénit de 49 para ser elegido Mr. Basketball del estado. Escogió la católica Universidad de Notre Dame para continuar sus estudios (Finanzas). En sus dos primeras campañas vivió ensombrecido por el base titular Joe Fredrick, con el que compartió minutos en pista como escolta. La licencia de éste, le otorgó espacio, tiempo y liderazgo en el equipo. Si en el tercer curso sus números ascendieron a los 14,4 puntos y 4,6 asistencias en 35,2 minutos, la llegada de John MacLeod (18 años como coach en los “pross” en Dallas, Phoenix o NY) resultó definitoria. De anotador casi puro mutó en líder e hilo conductor de todos sus compañeros. MacLeod le explicó que el equipo era una rueda y el base era el centro de ese círculo, el encargado de engrasarla y hacerla girar con dinamismo. Elmer captó el mensaje, sin por ello escurrir el bulto en los momentos calientes, en los que se deciden los partidos. Siempre le gustó tomar el último balón, un clutch player, según denominan los estadounidenses: “Para jugar los momentos importantes siempre tengo la cabeza fría”.

Su buen cierre universitario, 16,5 puntos y 6,2 asistencias en 36 minutos, no le dio para entrar en la primera ronda del draft (relegado en la edición del 92 al puesto 38 por los Haws de Atlanta). De ahí comienza un viaje a la interinidad por diferentes franquicias que no le acaban de ver como un director solvente para sus equipos. Salta de los campus de entrenamiento profesionales de verano a cobrar importancia en diferentes escuadras de la devaluada CBA, salpicado por un breve paso a este lado del Atlántico en el Scavolini de Pesaro (ahí le echó el ojo Scariolo) y el Jet Lyon francés.

Su MVP en la final CBA del 97 le abrió la agenda de los principales conjuntos europeos. El Olympiakos griego lo tenía cerrado cuando en pretemporada sufrió una lesión en el cuello y le cortó. Craso error. Regresó a casa para ponerse en forma en el campamento de los Nuggets de Denver hasta que recibió una llamada que le cambiaría la vida.


Bienvenido al paraíso… Vitoria-Gasteiz

Desde hacía tiempo Baskonia se había consolidado como un proyecto serio e ilusionante, una alternativa de garantía a los grandes. De la mano de Josean Querejeta el club se había convertido en la primera sociedad anónima del baloncesto español, en una entidad profesionalizada que en un década había multiplicado su presupuesto por 5 hasta los 900 millones de pesetas, con un pabellón Araba que daba cabida a 10.000 espectadores, un patrocinador sólido y estable, la cerámica Taulell castellonense, y un creciente número de socios (4.500).

Aquel verano la principal novedad la constituía la apuesta por un técnico desconocido por estos lares. Sergio Scariolo había asido la responsabilidad como primer entrenador del Scavolini con 28 años. Después de triunfar en Pesaro y Bolonia, con 36 años iniciaba una aventura española que todavía le dura (aquí casose y han nacido sus hijos) y para la que se había estado preparando (cultivando el castellano). Desde el comienzo llamó la atención su gomina, su elegante vestimenta, su meticulosidad y perfeccionismo. No dejaba nada al azar y sus horarios en el Araba no bajaban de 6 horas diarias. La confección de la plantilla, ahora normal, antaño parecía contextualizar un chiste viejo… érase un argentino, un italiano, cuatro americano, un maño, un canario, un madrileño y dos catalanes… Aquella embajada de las Naciones Unidas “defendía una única bandera… la camiseta de Baskonia”, como le gustaba decir al italiano, que en aras a la mejor integración y convivencia otorgaba las habitaciones dobles en los desplazamientos a un español y a un foráneo.

Con el tiempo se ha demostrado que tanto Querejeta como Scariolo son avezados jugadores de puzle y que no les suelen casar las primeras piezas que se lanzan sobre la mesa, sino que le dan unas cuantas vueltas hasta completar el collage. Si en la jornada 6 el tirador balcánico Miroslav Beric sustituía a un irregular Harold Ellis, en la 9, pese a la buena marcha del equipo (6-2), sorprendía la sustitución del antiguo laker Tony Smith por un semidesconocido Elmer Bennett (sólo cobraba 150.000 euros). El trasalpino buscaba, con la venia de su presidente y el apoyo de su director deportivo (Alfredo Salazar), un líder, un director de orquesta que amalgamara juego y voluntades, en lugar de un anotador y se fió de su primer instinto cuando vio desenvolverse a Bennett en Pesaro.

El nuevo debutó con derrota en Manresa, sumando 7 puntos en 24 minutos, pero tardó un suspiro en hacerse con los mandos. En el encuentro siguiente se adueñó del partido frente al Ciudad de Huelva (19 puntos y 7 asistencias). En la jornada 15 ganaban holgadamente en casa al Madrid, al que arrebatan el liderato. “Benito” como ya le apodaba la afición había promediado en sus 6 primeras comparecencias 13 puntos y 6 asistencias en 26 minutos, alababa el juego de André Turner y se había prendado de las individualidades del Joventut y del juego colectivo del TDK Manresa (vaya ojo).

Se presentaron con cartel a la Copa de Valladolid: 11 victorias consecutivas y un trabajado liderato así lo conferían, pero se toparon con el maestro Miki Vukovic y su general Nacho Rodilla que les enviaron para casa en cuartos como primer paso de un campeonato histórico para Valencia. Clausuraron la fase regular liguera en la cima y en las eliminatorias se mostraron imbatibles, sendos 3-0 a Unicaja y Barcelona, con canastón de “Benito” en el segundo ante los blaugranas y triple ganador de Beric en el último, hasta que en la Final se cruzó “la cenicienta” y cambió el cuento. Manresa les había ganado los dos partidos de temporada y en la apertura de las series los vitorianos desperdiciaron 15 puntos de ventaja y cayeron en casa en la prórroga. Nadie pudo con un gnomo mágico, “Chichi” Creus, que gobernó la contienda a su criterio y aupó al trono a los del Bagés (3-1), en la mayor gesta conocida de la historia del baloncesto español.


Abriendo el melón

Las salidas de los rocosos Brent Scott (a Reggio Calabria) y Pat Burke (a Panathinaikos) parecían debilitar el cuadro. El rústico Rusconi, rebotado de la experiencia NBA, sacaba brillo a su armadura y Bonner aportaba agudeza y polivalencia. Desaparecía el gran Santi Abad había apurado su tercer paso por Gasteiz para llevar su talento a las murallas de Lugo. Los recambios en la pintura quedaban entonces para el jovencito Garbajosa, que ya apuntaba maneras, y el experimentado Winters. En las alas Beric y Espil portaban la munición y Lucio Angulo adornaba la tripleta con defensa e inteligencia. Jordi Millera ejercía de imprescindible capitán, el pegamento indispensable para cualquier grupo. Un plantilla algo corta para su paseo por la Euroliga, que se inició curiosamente en La Casilla bilbaína frente al Orthez por las obras de ampliación en el Pabellón Araba.

De ese modo se presentaba Baskonia en la edición copera del 99 (con la baja del lesionado Garbajosa). Bennett (16 puntos, 3 asistencias y 8 faltas recibidas), Beric (17 puntos) y Bonner (10), contuvieron los ímpetus verdinegros (76-73) en el entretenido arranque del certamen, donde un chispeante Raúl López ya exhibía su inagotable catálogo de recursos. En semifinales ante el Madrid los 10 puntos de margen alcanzados al descanso sirvieron de colchón a los de Scariolo (que rescató de su baúl táctico la “caja y uno” sobre Alberto Herreros); un triple lejano de Bennett a 2 minutos pareció decantar el choque, pero a los blancos les restaba una última bala, que ésta vez el listísimo José Lasa no aprovechó. Dos talentos fascinantes, Bennett (20 puntos, 9 asistencias) y André Turner (24 puntos al Barsa) acaudillaban el asalto a la realeza.

Los sevillanos del Caja San Fernando dominaron gran parte de la batalla final (25-16 al apurar el primer cuarto, 32-28 al descanso). Catapultados por Mike Smith y Romero, estiraron la distancia hasta los 11 puntos (42-31), pero la lesión de un equivocado Turner (obnubilado por la pegajosa defensa de Lucio Angulo, presentó números impropios: 5 en 18 tiros de campo, con 8 triples intentados y errados, y 6 pérdidas) truncó las esperanzas andaluzas. Un parcial sangrante volteó el marcador, 51-47 para el TAU. La reaparición del genio de Memphis (12 puntos en los postreros 4 minutos) no devolvió el rumbo a los de Imbroda. Beric mostró su habitual puntería (19), Bonner seguridad y regularidad (12), Rusconi alumbró sus mejores momentos (15 puntos) de su etapa vasca y “Benito” se ganó a pulso el nombramiento de MVP y la adoración de la parroquia con 13 puntos, 4 asistencias, 5 rebotes y un impresionante mate para guardar en las videotecas. Baskonia se consolidaba en la élite: 7 finales en 5 años y segunda Copa del Rey tras la obtenida en el 95 con Pablo Laso como mejor jugador del torneo. Elmer no soltaba ni el balón de juego ni la bufanda azulgrana en la conga en comunión con la grada y demostró grandeza al entrar en el vestuario oponente para felicitar y consolar a los derrotados. Scariolo se rendía poético a los suyos: “Con la desventaja mis jugadores no han mirado al marcador, sino a su integridad. Y entonces han visto que su corazón era mucho más grande que esa diferencia adversa”. En Liga, Estudiantes les cerraría el paso en play offs.


Una gesta sin premio

La salida de Scariolo hacia el Madrid tardó en cicatrizar. Salva Maldonado no sintonizó con Querejeta y el prestigioso Julio Lamas no completó la cuadratura del círculo. En el 2000-2001 se apuesta por un entrenador joven, con experiencia ganadora en Friburgo y Limoges, Dusko Ivanovic. Luego han venido otros, pero la afición vitoriana, conectó desde su aterrizaje con la laboriosidad espartana del montenegrino. Para el hincha alavés no diga entrenador, diga Dusko. Lo de su temporada de presentación en la Euroliga se guardará en la memoria de todos siempre. Nunca una derrota fue tan reconocida y agasajada.

El balcánico jamás negoció el nivel de exigencia en los entrenos. Si el equipo se dio de bruces contra el Cáceres de Julbe en la Copa que consagró a Pau Gasol en Málaga, dio un paso adelante en la competición europea. El camino hasta la final estaría salpicado por los emocionantes enfrentamientos ante rivales griegos. Sencillo resultó el Peristeri en octavos. Gratificante el palizón al deslumbrante Olympiakos de los estelares David Rivers y Dino Radja: 72-78 en Atenas con 15 puntos de Bennett, 13 de Corchiani y 22 de Alexander y 98-72 en la vuelta con Bennett desatado (27 puntos) en su particular vendeta.

Sonrojante y hasta vergonzosa fue la semifinal de la última epopeya griega. En el estreno de la serie en Atenas, AEK gana 75-74 tras anotar Dikoudis la canasta definitiva 2,8 segundos fuera del tiempo reglamentario como claramente demostraron las imágenes televisivas. A la espera de lo que dirimiera la Euroliga, un Baskonia herido se hace con el segundo encuentro 67-70 encabezados por Bennett (25 puntos). El domingo, el juez único, el portugués José Manuel Mierim, acrecentó la canallada que había autorizado en la cancha el árbitro croata Danko Radic, resolviendo la repetición del primer partido. Los griegos lindaron lo grotesco cuando tras perder de 25 firmaron el acta bajo protesta aduciendo que tenían que haber pitado los mismos árbitros del sabotaje inicial. Acabáramos. Fue día D en la carrera de Stombergas, el partido perfecto: 39 puntos en 34 minutos en una tarde sublime (4/4 en tiros de 2, 9/9 en triples y 4/5 desde la línea de personal). Bennett alimentó el apetito del lituano con 13 asistencias. En Vitoria, Baskonia finiquitó la eliminatoria 76-62 para plantarse en la final de la Euroliga ante la poderosa Kinder que se había desembarazado de su vecino del Paf de los Fucka, Myers, Andrea Meneghin y compañía. Querejeta exultante, no cabía en sí de gozo: “Hemos ganado títulos, pero esto es lo más grande que hemos hecho. Es un salto cualitativo importantísimo.” Chris Corchiani rompía a llorar como un niño, cuando era felicitado por Mario Pesquera, comentarista de Vía Digital, que le manifestaba lo orgulloso que estaría de él su entrenador en North Carolina State, Jim Valvano. Corchiani llevaba meses con los tremendos dolores provocados por una hernia inguinal, que le llevó a operarse y a perderse la final contra los trasalpinos. Bennett se quedaba huérfano en el puesto de base. 

La Kinder partía como favorita. En verano había cubierto las sensibles bajas de Hugo Schonochini (sancionado al dar positivo por nandrolona en un control antidopaje) y Danilovic (retirado) con la firma de 5 jugadores de campanillas: Marko Jaric, Manu Ginobili, Smodis, Jestratijevic y Rashard Griffith. Completaban la paleta del maestro Ettore Messina, los bases Antoine Rigaudeu y David Bonora, el escolta Alessandro Abbio y los pivots David Andersen y Frossini. Un equipazo, al que Ivanovic oponía a: Bennett (Corchiani estaba lesionado), Foirest, Vidal, Stombergas, Timinskas, Scola, Oberto, Alexander y Dani García. 

Por aquel entonces se había producido un cisma en la élite de los clubs europeos y se habían creado dos competiciones paralelas: la Suproliga que le ganó el Maccabi al Panathinaikos (81-67) y la Euroliga, en la que Baskonia forzó el quinto partido poniendo contra las cuerdas a la mejor escuadra del continente.

Antes del primer encuentro el acaudalado presidente de la Kinder, Marco Madrigoli, prometió una prima de mil millones de liras (unos 90 millones de pesetas) a cada jugador por la conquista del campeonato. Pero los boloñeses (ausente Griffith) se vieron sorprendidos por la maestría de Bennett (15 puntos), la puntería de Foirest (20 puntos) y la fortaleza de Alexander. Baskonia había doblegado el factor cancha. En el segundo episodio en la ciudad de la mortadela, los locales con su bestia interior ya recuperada (Griffith 9 puntos y 8 rebotes) restablecieron la igualdad amparados en un certero Rigaudeau (23 puntos con 6 triples). En el traslado a Vitoria los italianos arrasan en el tercer capítulo (60-80) con Ginobili en protagonista (27 puntos). El TAU tiró de orgullo y casta para, conducidos por Bennett (19 puntos y 7 asistencias), restablecer la igualdad (96-79). Timinskas dejó un mate escalofriante en las narices de Andersen. 

En el desenlace, los 8.000 tiffosis del Palamalaguti de Casalecchio di Romo tardaron en respirar tranquilos. Dusko no había perdido ninguna de las finales disputadas como entrenador y los suyos (con Bennett al límite haciendo 24 puntos y 5 asistencias) vendieron muy cara su derrota. Fue necesaria la mejor versión de un chico de Bahía Blanca, en su día descartado por los principales clubs españoles, para que el título no saliera de Bolonia. Manu Ginobili, nombrado MVP, después triunfaría para alegría de todos los aficionados del baloncesto en los maravillosos Spurs de Gregg Popovich. Vitoria, orgullosa de los suyos, recibió a la expedición como héroes, como si se hubieran traído el trofeo. 

En Liga, Bennett rebosa plenitud en el cruce de cuartos frente al Estudiantes con promedios anotadores superiores a los 20 puntos. En semifinales, la eliminatoria ante el Madrid resultó emocionante. Fue necesario el mejor Alberto Herreros (5 triples en el quinto) para que los blancos alcanzaran la final (que perderían ante el Barsa del extraterrestre Gasol). La baja de Alexander que marchó a Estados Unidos por el infarto de su padre resultó capital. A sus 31 años “Benito” se encontraba en plena madurez deportiva y su nombre circulaba en los corrillos de los más respetados secretarios técnicos europeos. Mejor jugador extranjero y máximo asistente de la ACB (5,7), renovó por dos años.

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El doblete

El verano del 2001 pasó a la historia como el del lío del “Caso Timinskas”, proscrito por la ACB, que establecía la fórmula de los 6 nacionales, 4 europeos y 2 extranjeros para formar un equipo. Un follón que dejó un reguero de pólvora y al jugador sin ficha. Baskonia cerró la que probablemente constituye la mejor plantilla de su historia. Consiguió retener a Corchiani y firmar del Buducnost al Mejor Jugador de la Euroliga, Tomasevic, que se unía a Scola y Oberto en el deslumbrante triángulo interior. En las alas, crecía Vidal a la sombra de Foirest y despertaba pasión la intensidad, arrojo y clase del “Chapu” Noccioni, que se había más que fogueado (mejor jugador) en la LEB con el Manresa. Cuando se enquistó el asunto Timinskas, rescataron del ostracismo a Hugo Schonochini. 

Las posibilidades reales del equipo ya se barruntaban cuando a una semana de la Copa 2002 en Vitoria le dieron un meneo serio al Barsa (96-82) con 55 puntos de la tripleta zonal. La ilusión por la Virgen Blanca era tal que Radio Vitoria llegó a retransmitir 8 horas seguidas de basket (en una jornada que coincidía con un Madrid-Barsa de fútbol). La noticia triste y luctuosa fue el fallecimiento en accidente de tráfico de camino al evento de Alfredo Goyeneche, presidente del COE. 

Si alguien pensaba en un placentero discurrir por el certamen, estaba en un error. Bennett traía poco rodaje, una fascitis plantar le había llevado por la calle de la amargura los dos meses previos y, gracias a los cuidados de los doctores Mikel Sánchez y Alberto Fernández, había llegado justito. Infiltrado, con dolores y partiendo desde el banquillo tuvo que esmerarse (12 puntos y 5 asistencias) para que las trampas tácticas del maestro Manel Comas en el Joventut no supusieran un disgusto. Noccioni (19) y Foirest (15) habían sostenido los miedos locales. Con empate a 72 una canasta de Scola en el último segundo les daba acceso a semifinales. Ahí esperaba Unicaja, que llegó a cobrar una ventaja de hasta 14 puntos en el tercer cuarto (39-53), pero un parcial de 20-0 entre el minuto 28 y 34 capitaneado por “Bennett” (17 puntos y 4 asistencias en 27 minutos), Scola (19), Tomasevic (17) y Oberto (12) viró el rumbo del encuentro. Dusko derrota a su maestro Boza Maljkovic. Como desagravio le invita a cenar esa noche.

La primera parte de la final pareció de tanteo (32-34 para el Barsa). Sin Navarro (lesionado en semis con un fuerte esguince), el inconmensurable Saras Jasikevicius alargaba la diferencia hasta los 10 (34-44), pero Baskonia apretaba a cierre del tercer cuarto (57-61). De ahí a la conclusión Dusko no tocó el quinteto (Bennett, Foirest, Noccioni, Scola, Tomasevic). Un triple de Digbeau ponía en pista al Barsa (67-72) a falta de 5 minutos. Foirest devolvía la delantera a los locales (76-74) con otro después de muchos minutos a rebufo. Rentzias responde (76-77) de igual suerte. El duelo al sol estaba servido. Saras anota otro lanzamiento desde más allá de la línea de 3 puntos (79-81) a 1.50. “Benito” asoma con otro triple (82-81), Saras saca una falta y anota desde la personal (82-83). Scola suma un tiro libre (empate a 83). Saras y Rentzias desperdician sendas opciones de 3 en el ataque siguiente y Bennett se alía con la fortuna y convierte a 16 segundos un lanzamiento a tabla a 6 metros del aro por encima de Rentzias que había salido a la ayuda (85-83). Noccioni le echa arrestos para defender la penetración de Jasikevicius (28 puntos). No entra ni su lanzamiento ni el postrero de Digbeau. Baskonia txapeldun en su propia tierra desafiando a la tradición (19 años después el trofeo volvía a recaer en el quipo organizador). Curiosidades: cada vez que había comenzado el torneo frente al Joventut, habían llegado a la final y la habían ganado; Tomasevic, que nunca llegó mimetizarse ni con el club ni con la afición, espabiló, pues a mitad de año estaba vendido al Unics Kazan (no salió porque su esposa no quería vivir en Siberia), y se llevó el MVP (20 puntos, con un milagroso 8 de 8 en el tiro libre, y 9 rebotes). El graderío, sin embargo, reservaba sus mayores elogios para su base. “Benito” había vuelto a tiempo para anotar 17 puntos (todos en la segunda parte) dar 4 asistencias y recuperar 2 balones en una actuación portentosa en los momentos críticos. 

El lunar negro de la temporada llega en Euroliga. Con todo a favor, la presión puede con el grupo, que sufre una brutal paliza en casa frente al Maccabi en el encuentro que daba acceso a jugar la Final a 4 en Bolonia. La manada se lame las heridas y vuelve para la Liga. Bennett alcanzó las eliminatorias como un animal (en los 2 meses de baja, con pesas, bicicleta estática y gimnasio había cogido un tono físico espectacular). El Barsa lo sufrió en sus carnes en semifinales, especialmente en Vitoria (22 y 20 puntos). Días antes de la final, Chris Corchiani se rompió un dedo, pero en el estado de forma en que se encontraba “Benito” la noticia pudo ser hasta beneficiosa para los vitorianos que tenían en contra el factor cancha frente a Unicaja. Pronto se despegaron las incógnitas: Baskonia se impuso en los dos partidos de la Costa del Sol 73-80 y 83-86. Bennett, al que ocasionalmente daba algún descanso Charisis (ya que no se pudo firmar a Laurent Schiarra), superó de largo al grandioso Louis Bullock. El dominio se reflejaba en el apartado estadístico: 11 puntos y 5 asistencias en el primero y 22 y 6 en el segundo. En Vitoria, Bullock mejoró prestaciones (25 puntos) y, auxiliado por Gurovic y Sonko (14 puntos cada uno), abrieron brecha (64-74), pero un parcial vasco de 14-0 mortificó a los malagueños. Noccioni (20) y Foirest (24) anotaron con regularidad en el cierre del campeonato. Elmer aportó 10 puntos, 10 asistencias y 4 robos y se le concedió el trofeo MVP de las finales. 

En las celebraciones posteriores hasta el lehendakari Ibarretxe fue duchado en el vestuario. Dusko, siempre Dusko, ahondó en su célebre teoría sobre el trabajo “El cansancio no existe, es sólo una sensación psicológica” con un retador “Si alguien quiere entrenarse mañana, por mí no hay inconveniente”.

Baskonia, con un juego sencillo, vertebrado en una sólida defensa, en una meditada selección de tiro y en un ataque equilibrado con triángulos interiores, situaciones de poste alto/poste bajo y creación de espacios para juegos individuales y de 2x2 y 3x3, había llegado a la cúspide para envidia de los más grandes clubes. 

El año siguiente fue el último en Vitoria y el más duro en la carrera de Elmer Bennett. Estuvo en un tris de salir hacia el Madrid, pero la destitución de Scariolo detuvo la operación. Oberto y Tomasevic se habían borrado de la disciplina cuartelaría de Dusko y habían emigrado a tierras más cálidas (Valencia). Para la espantada de Pat Burke, días antes del comienzo de la Liga, Ivanovic tenía su propia explicación: “El error fue concederle el permiso para ir a la boda de su hermano. Un jugador que quiere trabajar en serio no piensa en eso”. Rashard Griffith entró como fichaje estrella y Jerome Allen como sustituto de Bennett. El equipo alcanzó la final de la Copa en Valencia donde compitió, pero cayó 84-78 en la prórroga frente al Barsa de Roberto Dueñas. No sirvieron los 18 puntos y 4 asistencias de Bennett. Lastrado por las lesiones y sus problemas de talón de Aquiles que le obligaron a pasar por el quirófano y parar casi 6 meses, apenas pudo comparecer 6 partidos en Liga. El floreciente José Manuel Calderón compartió con Iván Corrales la responsabilidad de dirigir en pista al equipo. En cuartos fueron eliminados por el Unicaja. 

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Cumbres borrascosas

Con 33 años acepta el reto que le propone Julio Lamas y firma por el Real Madrid en una época de aguas muy turbulentas en la nave blanca (por primera vez en su afamada historia el club no se había clasificado para los play offs). En el estío se machaca en Lousville para rescatar el tiempo perdido: apenas descansa una semana y se empeña en sesiones de pesas y carrera en solitario a la mañana y baloncesto por la tarde.

Comparte posición con el novel Lucas Victoriano y el club llega a plantearse el fichaje de un jovencito Marcelinho Huertas. El Madrid cae por 1 en los cuartos coperos frente al Barsa, pese a los 21 puntos de Elmer y los 26 de Kambala. En la vuelta de las semifinales ULEB se sale frente a Estudiantes con 21 puntos y 9 asistencias en 35 minutos para una valoración de 36, pero el equipo naufraga sorprendentemente en la final ante un cuadro de poco lustre, el Hapoel Tel-Aviv. Los 21 puntos y 30 de valoración de Bennett caen en saco roto frente a McCarthy y los suyos (72-83). Estudiantes elimina (1-3) al Real en cuartos de los play offs ligueros con un tremendo Loncar y le deja por segundo año sin Euroliga. Bennett completa un buen año en lo individual –máximo asistente de la ACB (6,1), líder en valoración (19,72) y segundo máximo encestador del equipo (15)-, pero un desastre en lo colectivo. El Madrid vive instalado en la crisis y ficha a Boza Maljkovic.

El serbio mueve sus fichas y trae a Felipe Reyes, Louis Bullock, Sonko, Gelebale y Hervelle. Gana sus 10 primeros encuentros de Liga y en la copa zaragozana acceden a la final tras deshacerse de Estudiantes y TAU Vitoria (Bennett realiza un gran encuentro y supera a Calderón). El Madrid no supera el último peldaño: los esfuerzos de Bullock (28) y Bennett (17) no son suficientes para vencer al Unicaja de Garbajosa (MVP) y Scariolo.

Elmer se lesiona en un tobillo y llega con el tiempo justo a los play offs, pero 2 días antes de su inicio Boza decide cortarle “Esperaba jugar 15 partidos muy duros y Bennett no los hubiera aguantado, seguro”. El jugador se sobrepone al mazazo y da ejemplo “Me esforzaré para ayudar a mis compañeros en los entrenos. Se lo debo y es una muestra de respeto hacia ellos”. Su sustituto, Justin Hamilton, es un portento que deviene determinante en el cruce ante el Joventut. Se complementa a la perfección con Sonko y la exuberancia física de la pareja ahoga a los bases estudiantiles en semis. La final ha pasado a la historia como la increíble liga de Herreros. En Vitoria, el Madrid le remonta 8 puntos en los últimos 50 segundos al TAU con un postrero y espectacular triple del gran Alberto. Bullock fue elegido MVP y Hamilton anotó 20 puntos en 35 minutos. 

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Tutoría en la Penya

Aíto se acuerda de Elmer y recala en Badalona con 35 años. Comparte el puesto de base con Marcelinho Huertas y durante 2 años asiste a la eclosión de una ilusionante generación verdinegra y se lo pasa bomba. En la pretemporada andorrana coincide con un chaval al que saca 20 años y que estaba llamado a hacer historia. A los 8 minutos y 57 segundos del inicio de la temporada liguera debuta Ricky Rubio con 14 años. El entonces mocoso le reconoce como “un padre deportivo y una persona maravillosa”. Después de los sinsabores vividos en la capital se instala en un piso de la Villa Olímpica junto a su mujer y a sus dos hijos (nacidos en Vitoria) y disfruta con el progreso de los nuevos talentos. Campeones de la Eurocup en Kiev tras rebasar a los locales en semis y arrasar al Kimki en la final, con Rudy (MVP) y Elmer en el quinteto ideal. “Cuando llegas al final de tu carrera, cada partido puede ser el último, hay que disfrutarlo”, declararía previendo un futuro esplendoroso “Este título es importante para el club, vendrán más”. Unicaja (próximo campeón), cercenó las esperanzas verdinegras en unas semifinales ligueras durísimas que alcanzaron el quinto partido. Todavía hay quien recuerda un tapón con la izquierda al gigante Daniel Santiago. Muy avanzada la treintena promedió 11 puntos, 5,3 asistencias y 12,7 de valoración. Brutal. 

En su segundo año se da un paseo de lo más gratificante con los chicos por la Euroliga. A Rudy Fernández se le cae la baba con él: “Jugar al lado de Bennett es mucho más fácil… Él tiene mucha culpa de mi mejoría… Es un ejemplo para todos… En los 3 años que llevo en la ACB nunca había visto a un tío al que respetara tanto todo el mundo. Es un líder dentro y fuera de la cancha”. En semifinales, el Madrid de Plaza (a la postre campeón) cierra su ciclo badalonés en un quinto partido en el que mantiene un duelo maravilloso con otro grande, Raúl López.

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Lecciones sevillanas

Había descartado ofertas de Girona, Menorca, Unicaja y Estudiantes, cuando a principios de enero los Reyes Magos le traen a la ciudad de La Giralda para socorrer con 38 años al Cajasol. Dos semanas más tarde, los dirigentes sevillanos confían tamaña tarea al “sheriff”, al irrepetible Manel Comas (sustituye a Ruben Magnano) que de tonto no tiene un pelo “La incorporación de Bennett nos da un plus extraordinario”. Elmer había llegado con un balance de 4 victorias por 11 derrotas y su impacto es tal (14-20 en el balance final) que a falta de varias jornadas, en Vitoria, el equipo conquista la salvación matemática. Ese día se merienda (17 puntos, 5 rebotes y asistencia en 26 minutos) ante su rendida afición de siempre a Planicic y Prigioni. La victoria no es poca cosa, pues aquel Baskonia de Spaniha se ventilaría 3-0 al Barsa en la final ACB. Sus números (11,5 puntos, 4,8 asistencias y 13,8 de valoración) le hicieron acreedor de la renovación inmediata, pero tras 4 partidos rescindió su contrato “No quiero estar en el equipo cuando mi nivel no es el que me exijo a mí mismo”. Honestidad. 

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¡Qué jugador! ¡Qué base!

Elmer era una pantera embutida en un cuerpo felino, fibroso, de jugador de baloncesto. Voraz, como oliera sangre no soltaba a su presa. Con una capacidad de salto asombrosa, sus dotes iban mucho más allá de las físicas. Rapidísimo, manejaba la palanca de cambios a su antojo (tan pronto paraba como arrancaba como una centella), excelente defensor, agresivo penetrador y mayúsculo pasador. Buen tirador, especialmente cuando las bolas queman. Comunicativo, con los rivales llegaba a ser hasta pesado. Aglutinador de egos, generoso. Reescribía el baloncesto desde el puesto de base. “El base debe hacer que los otros jugadores se sientan a gusto… Ha de tener psicología para hacerles entrar en juego… Es importante que los pivots sean felices: corre que yo te daré el balón. Y estará más motivado para defender fuerte y rebotear duro… Un base tiene que ser duro con sus compañeros…”. Un compendio de lo que debe ser la cabeza pensante de un equipo.

Nacido para encabezar grupos, para armar proyectos ganadores “Es el líder del equipo. Sabe jugar para el grupo como pocos, garantiza liderazgo y producción de juego” (Sergio Scariolo). “Elmer es como mi otro yo dentro del campo. Tira del carro, da ejemplo, con un carácter extraordinario… Cuando se constipa, enferma todo el equipo” (Manel Comas). Cuentan que si a Josean Querejeta le pillas descuidado y le preguntas con qué jugador se quedaría de toda la gloriosa historia de Baskonia, se le escaparía un nombre: Elmer Bennett. Por algo será…



Dedicado a la Fanfarre Biotzatarrak de Vitoria Gasteiz. Son la alegría contagiosa de cada Copa del Rey con su música y sus ganas de pasarlo bien. Andoni, Lagartijo, Xabi, Edu, José Luis…

2 comentarios:

  1. Otro relato interesante. Qué gran jugador
    Cómo disfrutamos, leyendo tus artículos, los frikis de este deporte. Nos haces trabajar la memoria y conocemos nuevas anécdotas.
    Ole por esas fanfarre, qué no falte nunca!!!
    Mil gracias por el esfuerzo

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  2. Se sabe algo de que es de él en.la actualidad?a que se dedica donde está?

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