lunes, 9 de abril de 2012

Los Balcanes y El Negro




La guerra
Desde tiempos inmemoriales el sureste de Europa ha sido escenario permanente de conflictos. El crisol de etnias, culturas y religiones ha mezclado mal, muy mal.
La Primera Guerra de los Balcanes, que tuvo lugar en 1912 y 1913, entre la Liga Balcánica (Serbia, Bulgaria, Montenegro y Grecia) y el Imperio Otomano, culminó con la derrota turca y derivó en la Segunda por las desavenencias de los vencedores. Serbia, y posteriormente Montenegro, Rumania y el Imperio Otomano, declararon la guerra a Bulgaria que finalmente claudicó. Los tratados de paz sucesivos rebajaron el peso geográfico y económico de turcos y búlgaros en el área y consolidaron un estado Serbio más poderoso, aumentando los recelos del vecino Imperio Austro-húngaro. El asesinato en Sarajevo del heredero al trono, el Archiduque Francisco Fernando de Austria, dio lugar al inicio de la Primera Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial las fuerzas del Eje otorgaron el mando de la zona a una organización fascista croata, la Ustade, a la que combatió y venció la  milicia serbia Chetnik. Se formó la República Federal Socialista de Yugoslavia con seis repúblicas regionales (Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia) y dos provincias autónomas (Kosovo y Metohija y Vojvodina) bajo el mando del General Tito y la atenta mirada de Rusia.
La caída del Muro de Berlín en noviembre de  1989 supuso el final de la Guerra Fría y el desmoronamiento de los distintos regímenes comunistas en Europa del Este.
Los deseos de secesión de las dos regiones más prósperas del norte de Yugoslavia, Eslovenia y Croacia, chocaron frontalmente con las pretensiones centralistas de la Serbia de Milosevic. El advenimiento  de la guerra era un hecho.
El corazón del país se agrietó en cuatro frentes principales: Eslovenia con la Guerra de los Diez Días (26 de junio a 6 de julio de 1991); Croacia, desde el 31 de marzo de 1991, y Bosnia, desde el  6 de abril de 1992, en ambos casos hasta los Acuerdos de Dayton del 14 de diciembre de 1995; y Kosovo, desde enero de 1998 hasta junio de 1999.
En su conjunto el conflicto fue el más sangriento ocurrido en el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial. Entre 130.000 y 200.000 muertos y millones de personas desplazadas de sus hogares. Genocidios, crímenes de guerra, barbarie. En los albores del siglo XXI, en una sociedad que se autodenomina desarrollada, es incomprensible e imperdonable.



El basket

La selección de baloncesto de Yugoslavia, que un año antes había arrasado en su Europeo de Zagreb, acudió al Mundial de Argentina de 1990. Machacaron. Primero en semifinales a la USA de Kenny Anderson y Alonzo Mourning, para después tomarse la revancha de los Juegos de Seúl ante la URSS. Qué ramillete de jugadores: Petrovic, Divac, Kukoc, Paspalj, Danilovic… Qué manera de jugar. Probablemente no se haya visto nada igual en Europa nunca. Un año más tarde compitieron por última vez como antigua Yugoslavia en el Europeo de Roma. Aún sin Petrovic, quedaron campeones con Toni Kukoc como MVP. El esloveno Jure Zdvoc, antes de las semifinales, había abandonado la concentración plavi por orden de su gobierno. Dos días antes había comenzado la Guerra de los Diez Días.



Ese mismo mes de junio Dragan Kikanovic, vicepresidente del Partizán (toma el nombre de los partisanos que lucharon contra los nazis), había ofrecido el puesto de entrenador a Zelko Obradovic, entonces jugador del equipo. Era la oportunidad de su vida y no pudo negarse. Once serbios y un croata componían el joven plantel y esperanzados se disponían a afrontar la Copa de Europa. La FIBA les prohibió jugar en su cancha, el siempre caliente Pionir, y encontraron a través de la empresa Dorna la posibilidad de jugar como locales en el recién inagurado pabellón Fernando Martín de Fuenlabrada. Sintonizaron con su nueva afición desde el principio. Para conocer el idioma y aprenderse los números tres jugadores se acercaron a un bingo y se embolsaron 800.000 pesetas. Jugaron en la localidad madrileña siete partidos y en el decisivo contra el Joventut el triunfo lo celebró la gente como suyo. La cara de incredulidad de Danilovic al relatarlo hoy lo explica todo. Tras cargarse en el cruce a la Knorr de Bolonia se presentaron en la Final a Cuatro de Estambul. Es la final del tiro perfecto, el tiro soñado, el de Sasha Djorgjevic. Las dos grandes estrellas del equipo, Danilovic y Djorgjevic, que no se hablaban, se fundieron en un abrazo en el centro de la pista. Obradovic, el coleccionista de Copas de Europa, dice no haber sentido un triunfo tanto como aquel.

En Bosnia la guerra se alargó tres años. En la retina quedan las imágenes del Parlamento en llamas tras los bombardeos y por el camino más de 100.000 víctimas. Probablemente el jugador de baloncesto extranjero más recordado de la historia del Real Madrid, Mirza Delibasic, ¡qué tiro en suspensión! ¡qué pases a una mano! escapó del Sitio de Sarajevo para reunir a un grupo de jugadores, la mayoría de ellos alejados de la práctica profesional del deporte durante meses, y formar la primera selección bosnia de basket. Compitieron en los Juegos del Mediterráneo y en el Europeo de Alemania del 93. Dos años más tarde, su gobierno les dio una orden clara. “No presentarse a jugar contra Yugoslavia”. El partido no se celebró y los plavi accedieron a la fase final del Europeo y se llevaron el título.



En el verano en que Alberto Herreros se acogió al decreto 1006 para irse al Madrid, las tropas españolas desplazadas a Bosnia Herzegovina, 1.600 soldados en misión de paz, transmitieron un deseo al Ministerio de Defensa: querían que un equipo ACB fuera a jugar allí. Para evitar divisiones, ni Madrid ni Barsa, las autoridades pensaron en un equipo simpático, el Estudiantes.  Los del Ramiro, siempre sensibles a las causas humanitarias, tomaron un avión militar de hélices en Getafe y se trasladaron a Mostar para disputar un cuadrangular. Una pancarta les recibió “Demencia sólo hay una: ¡aquí en Bosnia o en la luna!”. Les impactó escuchar el himno nacional con toda la Legión Roger de Loira cuadrada en las gradas, les montaron en tanques, contemplaron una exhibición de saltos en paracaídas y les explicaron el funcionamiento de las minas. Regresaron sobrecogidos al comprobar la realidad de un país completamente destruido, masacrado en una guerra de hermanos. El resultado fue lo de menos. Benston Zagreb, los alejaría de la final en una cancha con aforo para 600 personas al aire libre, con suelo de cemento y aros duros que no impidieron que los balcánicos las metieran desde todos lados. Los jugadores todavía recuerdan con especial agrado aquella expedición y aquel español que hoy visite la zona se sorprenderá del cariño que sus habitantes nos profesan. Allí nadie olvida que, entre otras obras, los soldados ayudaron a reconstruir el Puente que es Patrimonio de la Humanidad.



Once Brothers y El Negro
El último día de septiembre del 2011 asistí a la boda de mi amigo Gandi en la provincia de Almería. Todo perfecto. La ceremonia en un antiguo castillo al borde del mar, los novios (la novia) muy guapos ellos y la comida muy rica. Empieza el baile y mi hermano David que me conoce bien se acerca y me dice: “Juanpa, te presento al Negro, otro loco del basket como nosotros”. Nos caímos bien y empezamos a contar batallas.
-          ¿Sigues jugando? – le pregunté.
-          ¡Uf qué va! Ya poco, de vez en cuando con los chavales en el instituto.
-          ¿Cómo en el instituto?
-          Sí, soy profesor de Historia Contemporánea en Valencia.
-          No jodas. Tú eres un héroe – le solté sorprendido.
Poco después le expliqué que mis padres habían sido maestros de escuela y que el mundo de la educación y la enseñanza siempre me han atraído muchísimo, aunque el entorno actual no facilite su labor ni su reconocimiento.
Aluciné cuando me reveló que lo que más le gustaba de su trabajo era la relación con los chavales y me desarmó con la idea que llevó a la práctica.

Había tratado los regímenes totalitarios europeos del siglo XX, fascismo, nazismo y comunismo y ahora daría paso en el trimestre siguiente a la explicación de la Guerra de los Balcanes. ¿Cómo captar la atención de los chicos desde el primer momento? ¿Cómo exponer una guerra civil sin trivializar ni caer en dramatismos? La solución la encontró en un documental “Once Brothers” de la ESPN con Divac y Petrovic como protagonistas.



Ambos compartieron habitación y éxitos en la selección durante tres años. Entraron en la NBA a la vez y a diario se sinceraban por teléfono: Vlado sonreía al calor de Magic en Los Ángeles, Drazen vagaba cabizbajo en la lluviosa Portland en busca de los minutos que no le daban.
Sus confidencias terminaron en el verano del 91 con un absurdo incidente. Acudieron a su cita con el oro en el Mundial de Argentina, pero en la celebración posterior a la final, con los jugadores abrazados, un aficionado exhibió una bandera nacionalista croata y Divac se la quitó y la tiró.
A la vuelta a su patria los medios de comunicación de ambos lados magnificaron el suceso con informaciones y mentiras interesadas. Sin pretenderlo, Divac se convirtió en un héroe para los serbios y un villano para los croatas.
En lo deportivo el 91 es un año excelente para ambos. Drazen es traspasado en enero a los Nets, donde recupera su nivel y su status de estrella. Vlado llega a la final contra los Bulls de Jordan. Pero ya nada es como antes, su relación se ha enquistado y, a pesar de los esfuerzos del serbio por normalizarla, Drazen no da su brazo a torcer: “Hay una guerra civil y yo soy croata”, declararía en una televisión americana.
Las sanciones de la FIBA y la ONU impiden que Yugoslavia pueda acudir a los Juegos de Barcelona, donde Croacia es plata tras el Dream Team americano.
Petro, como le llamaban los estadounidenses, regresa a Europa triunfante en el 93 tras promediar 22 puntos por partido y jugar los playoffs ante los Cavs. Acude con su selección a un torneo en Polonia clasificatorio para el Europeo. El avión de vuelta hace escala en Francfort, donde Drazen decide seguir su camino a Zagreb en coche, con su novia y una amiga. A la altura de Munich tiene un accidente y fallece en el acto. Entre lágrimas su madre cuenta que al conocer la noticia casi se tira por el balcón. A Divac el drama le coge de vacaciones con su familia en Hawai. Sabe que en plena guerra no puede presentarse en el entierro, al que asisten 100.000 personas, y llora en silencio la muerte de su amigo.
Dos años después Yugoslavia (Serbia y Montenegro) retorna a las competiciones para hacerse con el oro europeo. Croacia, tercera, abandona el podio en la ceremonia de entrega de medallas.
Todo el reportaje es conmovedor. Divac vuelve a Zagreb veinte años después. La gente le reconoce por las calles, pero sólo una persona le saluda. En el hogar familiar es recibido por la madre y Alexander, el hermano también internacional de Drazen. Charlan emocionados sobre aquellos años y visita la tumba de su amigo, al que deja un ramo de flores y una foto en la que aparecen abrazados. Se ha quitado un peso insoportable de encima y ahora sí podrá contarle a sus hijos lo ocurrido en aquel tiempo.
Cuando al término de la proyección se enciende la luz, media aula está sollozando. El profesor ha ganado el interés de los chicos y sabe que en los próximos días le será mucho más sencillo describir el conflicto.
Grande, muy grande El Negro.
Mi homenaje a un país tan pródigo en talentos, que ha sufrido tanto y que todavía cicatriza sus heridas.
Mi admiración y reconocimiento para todos los docentes, profesores o entrenadores.

14 comentarios:

  1. El 6 de Abril se cumplieron 20 años del comienzo de la guerra de los balcanes,publicó un reportaje sobre cosas que comentas.

    Muy chula y oportuna la entrada.

    Un abrazo.Rafa

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    1. Gracias Rafa. La verdad es que lo pensé luego, cuando vi el homenaje que se hizo en Sarajevo con las 10.000 sillas vacías en honor de los que faltaban.

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  2. Bastante bueno si señor! Merece la pena echar dos minutos aprendiendo historia... vale y baloncesto tambien.
    un abrazo lomas

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    1. Gracias Lomas. Si hasta la gente del fútbol como tú le echa un rato y le entretiene,buena señal. Me alegro que te haya gustado.

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  3. El basket es una de las aficiones que he ido dejando por el camino . Hay circunstancias personales y profesionales .....No permitáis que os pueda ocurrir. Tu excelente texto ha conseguido que recordara a ese deportista de melena rizada, delgado (Antes de ir a la NBA ) rapidísimo y de una técnica excepcional que por unos años fue la bestia negra de aquel gran Real Madrid. Esta historia por desgracia es demasiado dramática como para no ser real. Gracias por este trabajo.
    Fernando, nieto de un maestro de escuela.

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    1. Muchisimas gracias Fernando. No sé muy bien que decir. Me alegro que te haya trasportado a épocas remotas y felices y te diría que volvieses al deporte, aunque fuese como simple aficionado como yo.

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  4. La historia de la guerra de los Balcanes es sobradamente conocida (y muy bien resumida),la del Negro alguien me la contó mientras veia un partido de basket comiendo pipas... la del Estu en Mostar no la conocía y es muy chula.

    Me gusta tu homenaje al país rico en talentos, a los maestros y, sobre todo, al baloncesto. Y también me gusta este rinconcito en "la nube" donde los cuarentañeros podemos recordar los gloriosos viejos tiempos del basket.

    Sigue así, "abuelo cebolleta".

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    1. Me gusta la de los cuarentañeros, aunque debes ser junior de primer años como yo. Gracias.

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  5. Muy bien redactado, documentado y sin faltas de ortografía (ojalá los que se llaman periodistas deportivos profesionales estuvieran a la altura de textos como este...) Fuera bromas, tu artículo es de Matrícula de Honor Juanpa.
    Me ha hecho mucha ilusión que recordaras la conversación que tuvimos en Almería (¡que grande!) y especialmente que te quedaras con aquello de que los chavales son el mayor aliciente de una profesión realmente apasionante.

    Transmitir conocimiento es como dar una buena asistencia por la espalda; los puntos no van a tu casillero, pero eres el tío más satisfecho del pabellón

    El profe "aludido"

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    1. No sabes lo que me alegra que te haya gustado. Quería que fuera una sorpresa.No sé si ha quedado muy redonda, pero el día que me lo contaste te lo juro que lo pensé: esto lo tengo que escribir. Me impresionó. Es mi pequeño homenaje a una profesión tan bonita y poco reconocida.

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  6. Leo el texto con interés y admiración, pero sobre todo con emoción. La cabeza se me llena de recuerdos, nombres, jugadores, un abono comprado no por ver al Madrid sí no por disfrutar de Drazen, la tristeza de otra guerra en Europa a finales del siglo XX. Grandísimo artículo, amigo.
    Santi

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  7. Me alegro que te haya entretenido y emocionado. Enorme Drazen. Tenemos un amigo común, barcelonista acérrimo, que ese año se sacó el abono del Madrid por ver a Petrovic. De la guerra todo dicho, esperemos que no se repitan historias tan tristes.

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  8. Gran artículo crack!!!

    Espero que no decaiga, sigue así. Un abrazo Dani

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  9. Bienvenido Dani. Me alegro que a un tío tan versado y leído como tu en temas de baket le haya gustado. El siguiente será una historia inventada con el basket de trasfondo. Espero que te entretenga. Un abrazo y gracias.

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