jueves, 31 de marzo de 2016

Chapu Nocioni, corazón de león



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Finales de septiembre de 2014. Supercopa de Vitoria. El Madrid se alza con el primer título de la temporada frente al Barsa. La periodista de TVE pide paso a pié de pista. “Enhorabuena, venir al Madrid y ganar”. “Contento, pero yo he venido para ganar la Euroliga” (primera declaración de intenciones sin tapujos). “Mi rol en este equipo es diferente. El que se tiene que adaptar soy yo”, continua con modestia. Las palabras no suenan huecas, las pronuncia un campeón olímpico, un subcampeón mundial con larga andadura en la NBA. 

No se esconde, no da un paso atrás, jamás duda, identifica el objetivo. Auténtico, descarnado, frontal. “Valía la pena discutir con él, aunque sólo fuera por los abrazos del oso que luego te daba” (Sanchón, uno de sus anclas en Gasteiz).

Si le ponen una falda a cuadros y un hacha da en papel protagonista de Braveheart. Si le colocan en medio de la selva y ruge, acojona a un león. Ningún Papa le encargaría pintar la Capilla Sixtina, pero todos le llamarían para la defensa del Estado Pontificio. Es un mito en su país, un Dios en Vitoria, un icono en Madrid. Es, el “Chapu” Nocioni, sin conservantes ni colorantes. Irremplazable. 



Su hijo va a ser jugador de basquetbol

Para situarnos. Andrés Nocioni nació en Santa Fe en el año del señor de 1979. La criaturita pesó 4 Kilos y 900 gramos. Al poco, la familia emigró a Gálvez. Desde los 5 años, su padre, un fanático del básquet, le fue instruyendo en los secretos del juego. A los 10, ambos madrugaban para visionar los partidos de la liga ACB que pasaban por televisión. Su hermano mayor le endilgó el mote por el que ahora le llaman hasta su mujer y sus hijos. Dicen que cuando acudía a la pileta (piscina) siempre regresaba como un tomate, así que le cayó el apodo del protagonista de la serie infantil de la época, el Chapulín Colorado.

Comenzó a jugar en Club Ceci de Gálvez y a los 15 años le fichó la Unión de Santo Tomé, con el que ganó su título más querido, el campeonato de la Liga Santa Fesina. 

Una tarde de agosto del 95 se acercó Leon Njanudel a verlo. Andrés ignoraba que había hablado con su padre y desconocía, como el resto del público (le cobraron incluso la entrada), que estaba en la grada. A los 5 minutos el afamado entrenador marchó. Su padre asustado salió tras él: “¿Qué pasa? ¿No le gustó?” León se le para y le responde “Yo vine a comer pescado (al Quincho de Chiquito). Su hijo que vaya para Racing, que lo quiero seguro. Deja la escuela y se viene conmigo a Buenos Aires”. Pilo torció el gesto: “¿No será mejor que termine el colegio este año y el próximo veremos?”. León lo tomó por los hombros, tajante: “Yo también quiero que su hijo concluya los estudios, pero habrá de ser de otra manera. Su hijo va a ser jugador de básquet”. Y no hubo más que hablar. El pago del fichaje se tasó en 12 balones (el mismo estipendio que cobró Canoe cuando traspasó a Alberto Herreros a Estudiantes) y unas cuantas camisetas. Eran otros tiempos. 

León fue un referente, el promotor (tras su exitosa parada en el CAI Zaragoza) de la Liga Argentina en el año 85 y un adelantado, pues en Cañada Gómez entrenaron los primeros chicos becados del país. Destacaron sobremanera Marcelo Nicola, Hugo Sconochinni y Walter Guiñanzu. Su mano derecha, Julio Lamas, esquilmaba toda la vasta geografía de la nación rastreando altura, detectando talentos, para competir en el Racing Club de Avellaneda que acababa de comprar una plaza en la Serie A.

Njanudel además presionó para que el chico entrara en la preselección cadete del sudamericano de Arequipa del 96 cuando el cuadro ya estaba casi cerrado. Llegó en mitad de una práctica y tras un brutal mate en contraataque despejó dudas. Al grupo lo entrenaban Guillermo López y Fabián Cuito para después sumarse Guillermo Vecchio. El controvertido Vecchio tomó a la incipiente camada en el centro de alto rendimiento de Cenard. Bajo una disciplina militar les hablaba de medallas, “les faltaba soñar”, añadiría, entre panzadas cuerpo a tierra en el parquet y sesiones maratonianas de 6 horas. “Nos cambió el foco de la ambición” (Pepe Sánchez). Por la época al Chapu lo vacilaban los compañeros por el corte de pelo a lo Jim Carrey en “Tonto y Retonto” (o “Dos tontos muy tontos” en España) que llevaba. Poco después el adolescente declaraba en Racing: “Me caigo cuando las cosas no salen”. Afortunadamente, cómo cambió el cuento. 

Surgieron problemas de impagos y el jovencito un año después partió a Olimpia de Venado Tuerto. Allí compartió cancha junto a Walter Herrmann y a jugadorazos asentados como Jorge Racca, el “Puma” Montecchia y el “Loco Montenegro” que contaba que no paraba quieto. Un día llegó a las 10 a entrenar y el chaval ya estaba tirando. “¿Desde qué hora llevas?, le preguntó. “Desde las 8. Es que no podía dormir”, respondió “el Chapu” que vivió con 16 años la derrota (1-2) de la Intercontinental frente al Panathinaikos de Sconochini y Nicola a la vuelta en Atenas. 

El siguiente escalón sería Independiente de General Pico, donde conoció a Paula, su mujer. Con el tiempo se tatuó la alianza de casado porque la perdió en dos ocasiones y “había que remontarla”. Allí permaneció dos campañas y llegó a la final liguera para caer 4-3 frente al Atenas. Una “volcada” sobre Rubén Wolkowyski todavía causa furor en internet.

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“La próxima vez te voy a romper la muñeca”

En los Juegos Pananericanos de 1999 Nocioni casi da con sus huesos en la cárcel. En el intermedio del partido frente a Puerto Rico su empuje le traiciona y suelta un puñetazo al jugador Antonio Latimer que le deja KO.

En el Preolímpico del mismo verano en San Juan, los albicelestes entran tímidos y salen derrotados frente a Canadá (el resultado a la postre les dejó fuera de los Juegos de Sidney). A lo largo de la competición se rehacen y el 17 de Julio Chapu muestra a los profesionales USA de lo que es capaz. Se va de Garnett por línea de fondo y cuando sale Tim Duncan les estampa un mate brutal a canasta pasada. “Te voy a romper la muñeca la próxima vez”, le espeta un malhumorado Garnett. Esa foto la guardó durante años Andrés como fondo de pantalla de su computadora (ordenador). Tiempo muerto de Larry Brown, que prepara una jugada para su denigrada estrella. Nocioni no se amilana y acepta el reto: de ninguna manera iba a permitir la volcada y comete falta sobre el “pro”. Argentina pierde 72-103 y finaliza en tercera posición. 

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¡Qué bueno que viniste!

Efecto dominó: León Nadjnuden dio la pista de lo que se estaba engendrando en Argentina a Pepe Laso, éste se lo insinuó a Josean Querejeta, que inmediatamente ordenó a su director de deportivo, Alfredo Salazar, que se pusiera en marcha. Era un mercado virgen y barato, en el que firmar jugadores de futuro que además pudieran acceder a la doble nacionalidad (posteriormente entrarían casi todos como comunitarios por sus ancestros italianos). En Cañada de Gómez sufrió un shock cuando vio poner el balón en el suelo a Marcelo Nicola ¡lo que hacía ese chico con 2,08 metros! Del Chapu le impresionó su exuberante físico y su extrema competitividad, pero recelaba de sus cortacircuitos. Contactó con el chico en un All Star en Mar de Plata y, contraviniendo la opinión generalizada que se decantaba por el tirador brasileño Guilherme Giovannoni, arriesgó y concretó su fichaje. Ya en Vitoria, Andrés firmaría el contrato junto a su agente, Claudio Villanueva, en el capó de un coche. La adquisición del santefesino cambió la percepción de Salazar: “Si puedes, ficha a un jugador de pueblo”, recomienda el avispado secretario técnico desde entonces. El primitivo plan era cerrar posteriormente a Walter Herrmann, pero no hubo plata para ambos. 

Tuvo que aguardar los casi 4 meses que tardó en venir el pasaporte italiano para debutar con el TAU. Estudiantes le aguó la fiesta en los cuartos coperos del 2000. Su estadística reflejó 4 puntos en 11 minutos. Esa temporada jugó 84 minutos e hizo 33 puntos (con un máximo de 11) repartidos en 8 partidos. A mitad de curso Julio Lamas había sustituido a Salva Maldonado (que nunca pareció cuadrarle a Querejeta) y los alaveses anduvieron ávidos para incorporar a Fabricio Oberto, que había salido por la puerta de atrás de Olimpiakos. Juan Alberto Espil ayuda al novato en su proceso de adaptación. El 4º puesto final no está mal, pero no sacia las aspiraciones del proyecto. 

En Vitoria le juzgan algo verde y le ceden a Manresa, un puntal de la 2ª categoría para que madure con minutos de calidad y responsabilidad. Otros se hubieran hundido, el Chapu no: “Mi etapa en Manresa fue muy importante. Me dio la oportunidad de ser protagonista y definí mi juego en la posición de 3, ya que en Argentina solía jugar de 4… Tenía clarísimo que el único camino para jugar en Europa consistía en mejorar mi tiro y trasladarme a la posición de alero”. En Vitoria habían sido claros: “O controlas el temperamento o te vuelves a Argentina” y el Chapu cumplió. Llegaron hasta las semifinales, en las que fueron apeados por el Lleida de los Grimau, Oliver, Bosch, Alzamora, Comas, Capdevila o Modderman, y fue designado por la Revista Gigantes como mejor jugador de la LEB. Promedió 15,5 puntos en 23,9 minutos. 

En su regreso a Gasteiz en la temporada 2001-2002 parecía destinado al banquillo, pero el tema de los “comunitarios B” relegó a Timinskas y Stombergas y aupó a Nocioni, que aprovechó la ocasión para establecerse como titular indiscutible en el año del doblete. Los argentinos Scola, Oberto, Sconochini, Gabi Fernández y Nocioni, inocularon su veneno competitivo al equipo vasco. En la Copa desafiaron a la maldición del local y se deshicieron de Joventut (la guerra que dieron los de Manel Comas, que sólo dieron su brazo a torcer tras un tiro cayéndose hacia atrás de Luis Scola), Unicaja y Barcelona (con el lanzamiento ganador del gran Elmer Bennett). El Chapu se comió crudito a un jugadorazo como Karnisovas y Tomasevic mostró su ingente calidad para ser elegido MVP. En Liga pulverizaron a Pamesa, Barcelona y Unicaja. En la final desbarataron el factor cancha a los malagueños al ganarles los dos encuentros en la Costa del Sol. Para Vitoria Nocioni se reservó su mejor cara (25 puntos y 8 rebotes) en el epílogo. Bennett fue designado mejor jugador de las series y no se borra la estampa de Scola y Nocioni subidos a la mesa de anotadores en las celebraciones. En la rueda de prensa, Dusko Ivanovic, medio en broma, medio en serio, respondió a las insinuaciones del Chapu: “Si alguien quiere entrenar mañana, por mi no hay inconveniente”. Jugador y técnico siempre tuvieron sus tiranteces y cuenta la leyenda que la sala de pesas se pagó con las multas que juntó el Chapu Nocioni. 



Haciendo historia

Los jóvenes talentos andinos van cuajando. La Selección gana el torneo Sudamericano después de 14 años y en 2001 el Torneo de las Américas de Neuquen con 10 victorias sobre 10 partidos por una diferencia media de casi 23 puntos. “Fue una exhibición. Era como ver a los Globetrotters todos los días… Todos jugábamos y bien”, declaraba Chapu. 26 victorias consecutivas lo atestiguan. Sólo habían claudicado ante los profesionales USA en los Goodwill Game de Brisbanne. 

Verano 2002, Argentina en bancarrota. El seleccionador Ruben Manglano lleva 6 meses sin cobrar. En ese ambiente la preparación para el Mundial de Indianápolis se hace interminable. 35 días concentrados, con sólo una derrota en Méjico a 40 grados de temperatura en un partido que terminó a mamporros, en un viaje que no tenía fin. Los directivos con pasaje preferente, la tropa en turista. Un cambio respecto al plantel del Panamericano (Montecchia entra por Farabello) y “8 españoles” en la cuadrilla. 

En el grupo de salida, tres victorias holgadas ante Venezuela, Rusia y Nueva Zelanda. En la siguiente fase suman otras dos ante China y Alemania, pero para evitar a Yugoslavia en cuartos deben de vencer a la selección profesional de Estados Unidos. 

El “Puma” Montecchia acude al desayuno diciendo que había soñado que ganaban. A Manglano algunos periodistas le habían venido con el cuento de si iba a reservar jugadores para el cruce. Dio la charla previa como si se enfrentaran a cualquier equipo y pinchó a los suyos: “¿Qué piensan? ¿Que hemos venido a sacarnos fotos con ellos?”. “Me dí cuenta de que íbamos a competir”, recalcaba el Chapu. 

Al descanso 16 arriba para Argentina, que llegó a tener una máxima de 20 (52-32). Vivir para ver. Los gauchos detectan el miedo y las dudas en el rostro de los gringos que frustrados llegan a hacer tres faltas duras sin balón. Un taponazo de Scola (al que no se le tiene por un gran saltador) sobre Jermaine O´Neal escenifica el partido. “El banquillo lo celebró como un gol de Maradona” (Nocioni). El norteamericano enrabietado pisa la espalda de Luis cuando regresa a defender. En la 2ª mitad un parcial de 9-2 acerca a 6 a los USA. La exjugadora Cheryl Miller arenga a su hermano Reggie (el ídolo local) en la grada. Un canastón de Manu Ginobili sobre el cierre del tercer cuarto da cierta tranquilidad (68-60). 

A 5 minutos para la conclusión Argentina gana por 12. Oberto amaga el bloqueo central y continúa, Pepe Sánchez lo ve y le da una asistencia magistral que acaba en mate. Con 1 minuto y 40 segundos por jugar y 10 arriba “el Defensor del Pueblo”, Andrés Nocioni, saca una falta de ataque a Finley. El 87-80, con 15 puntos de Ginobili, 11 de Oberto, 13 de Scola y 14 de Nocioni, ha quedado en los anales de la historia. 

Desde el “Dream Team” de Barcelona 92 nadie había quebrado a la selección profesional americana que representaba a su país (58-0). Los jugadores albicelestes cantaban alborozados “Esta es la banda”, los hinchas lloraban enloquecidos en la platea. La llegada de la expedición al hotel resultó emocionante: el vestíbulo circular se abría hacia arriba, todas las delegaciones salieron a aplaudirles en señal de reconocimiento. Se habían ganado el reconocimiento del mundo. “Pasamos a ser los Rolling Stones”, alucinaba Fabricio Oberto. Parafraseando a Led Zeppelin, La Nación abría su edición con el titular: “Una escalera al cielo”.

Consiguieron mantener los pies en la tierra para vencer a Brasil en cuartos y a la Alemania de Nowitzki (que había eliminado a España) en semifinales. La lástima es que Manu Ginobili se hizo un esguince de caballo frente a los germanos. En la charla después de la cena, Manglano deja una frase para recordar: “Entramos en la historia, vamos para la gloria”. Aún así, Argentina hizo el partido perfecto durante 38 minutos. A esas alturas, cobraba una ventaja de 74-66 hasta que Bodiroga, “el jugador lento más rápido del mundo”, según Sconochinni, tomó cartas en el asunto con 9 puntos seguidos. Empate. Scola pierde un balón en medio campo y comete una falta dudosa sobre Divac a falta de 5 segundos. Vlade desperdicia los 2 tiros libres, Hugo Sconochini recorre el campo y recibe una personal bastante clara que el griego Pitsilkas y el dominicano Mercedes ignoran de manera vergonzosa. En la prórroga la moral de los sudamericanos se diluye como un azucarillo en el café y palman. Ese es el hecho y éstos los comentarios de los albicelestes una vez pasado el sofoco: “Perdimos por no haber estado ahí antes” (Pepe Sánchez). “No supimos cerrarlo” (Oberto, que se merendó a los postes europeos con 28 puntos y 10 rebotes). Así de jodido. 

En diciembre Papa Noel trae al Chapu una ampliación de contrato hasta 2006 como merecido regalo. En esa Liga 2002-2003 se vivió una auténtica colonización criolla en la ACB: hasta 16 jugadores venidos de allá figuraban en sus equipos.

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Campeón de Copa y salida hacia la NBA

En la campaña 2003-04 Baskonia alcanza la Copa del Rey en Sevilla frente al Joventut de Rudy Fernández (MVP). Nocioni (20 puntos) y Scola (22) lo bordan rodeados de un magnífico conjunto de jugadores (Prigioni, Calderón, Macijauskas, Betts, Vidal y Kornel David), quizá algo corto para hacer frente a las tres competiciones. En Liga es declarado MVP de la temporada regular. Estudiantes les cierra el paso a la final en el definitivo 5º encuentro en Vitoria y CSKA les aparta de la Euroliga. 

En julio, Andrés manda un SMS a Josean Querejeta: “Sabes que no era mi sueño, pero no puedo decir que no a Chicago”. Ivica Dukan había quedado prendado de su juego y la demostración que realiza en Euroliga en Treviso ante la Bennetton (36 puntos, 15 rebotes y 48 de valoración) termina por enamorarle. Le pasean en limousina por la “Ciudad del Viento”, le exhiben los 6 trofeos O´Brien y le plantan un contrato de más de 9 millones de $ por 3 años. Sus demandas son escuchadas por los Bulls: “No quiero perder plata ni comer banco”. Como Baskonia no rebajó un céntimo la clausula de salida (3.650.000 euros), en Chicago tuvieron que aumentar la oferta hasta los 11 millones de $. Nocioni solicitó un crédito para acometer la indemnización y pidió permiso para abandonar momentáneamente la convocatoria de la selección para firmar el contrato. Hubo de gestionar un nuevo pasaporte con urgencia, pues lo tenía caducado. Lo que poca gente conoce es que un mes antes el Madrid le había hecho una oferta deslumbrante con cantidades similares a las que iba a percibir al otro lado del Atlántico, pero “quería probarme a mí mismo”, quería demostrarse que podía competir con los mejores. 



Oro Olímpico en Atenas 2004

Tardó en saberse, pero en el Preolímpico de San Juan de Puerto Rico después del desastre ante Méjico en la primera jornada, el Chapu Nocioni entró dando voces en el vestuario: “¡Pero qué cojones pasa! ¡Es que ya no tenemos hambre! Ginobili (que venía de ganar un anillo) se le encaró sin perder la calma: “Así es. Yo no tengo el mismo hambre”, más todos querían participar en los Juegos y redimirse de la plata mundial. 

Respecto a las convocatorias anteriores se habían caído Victoriano y Palladino, ocupando sus puestos Delfino y Herrmann. 

Pese a la milagrosa canasta sobre la bocina de Manu Ginobili que significaba la revancha mundialista sobre Yugoslavia en la puesta de largo del torneo, el grupo no conservaba las mejores vibraciones y sufrió dos derrotas en la primera fase ante España e Italia que les condenaba a jugarse la eliminatoria de cuartos ante los anfitriones. Tuvo que aparecer Walter Herrmann en lugar de un descentrado Nocioni (al banquillo tras cometer la 3ª personal y señalársele una técnica posterior) para rescatar la autoestima y despertar a sus compañeros. 

Rival conocido en semifinales: Estados Unidos y su pléyade es estrellas profesionales. El choque fue casi hasta sencillo para los argentinos (89-81), catapultados por un Ginobili sublime y convencido de la victoria (29 puntos), escoltado por Nocioni (13), Montecchia (12) y Herrmann (11). Éste pregonó “Es el partido que no quieres que se termine nunca”. Para Delfino “Habíamos ganado a Batman, a Robin y al resto de los superhéroes”. Pese a los puntos de Marbury (18), Iverson (10) y Odom (14), los pross se mostraron mortales, estuvieron aciagos en el tiro de 3 puntos (3/11) y acusaron en exceso los problemas de faltas de Duncan (10 puntos en 20 minutos).

La final ante la sorprendente Italia que se había cargado a Lituania amparada en el gran acierto exterior (18 triples) la empezaron a ganar los argentinos la noche antes. Sí, porque como no pegaban ojo, Delfino, Leo Gutiérrez, Nocioni, Sconochini, decidieron dejar la partida de cartas (jugaban al truco) y salir a correr de madrugada para quitar tensión. Cuando más allá de la una, los italianos se asomaron a la terraza y los vieron, los tomaron por locos. Mientras, Oberto regresaba de la clínica con el brazo escayolado (Marbury le había roto el quinto metacarpiano de su mano derecha cuando restaba un minuto en una dura personal). Sus colegas le consolaron: “Quédate tranquilo, mañana no nos vas a hacer falta”. Durante el encuentro el resultado se mantuvo parejo, 43-41 al descanso, hasta que “el puma” Montecchia abrió la caja de los truenos e hizo 3 triples a partir del minuto 30 que abrieron brecha definitiva (84-69). Nocioni contribuyó más con su intimidación (3 tapones y 9 rebotes) que con sus puntos (7). En el certamen promedió 10 puntos y 3,7 rebotes en 24 minutos. 

Ese 28 de Agosto de 2004 es Historia con mayúsculas en el calendario del Deporte Argentino. Ese día, el himno “Oid mortales” se escuchó por la mañana en el fútbol y por la tarde con el baloncesto. Doble metal dorado. Olé salía bajo el título de “Héroes” en portada. Gigantes en su análisis semanal era ciertamente explícito: “Albicelestiales”. Dos días después la Confederación Argentina de Basquetbol cumplía 75 años. 

Ruben Manglano “La experiencia no la compras. Perder el miedo a ganar” y Hugo Sconochini “No son compañeros de equipo son hermanos de camiseta” dan algunas de las claves del éxito. Chapu escenifica lo que era ese equipo: “Cuando entrenábamos o estábamos juntos, “nos odiábamos”. El entrenador tenía que parar el entreno y ordenar que paráramos de pegarnos, pues alguno podía salir lastimado. Pero después salíamos de la cancha y nos íbamos todos juntos”. El colofón lo pone el gran Manu Ginobili “Es un privilegio formar parte de este equipo. Tanto en la victoria en el 2004 como en la derrota después de España. No hay otro lugar en que quisiera estar que no fuera este equipo perdiendo ese partido”.



La NBA

Chapu Noccioni estuvo 8 temporadas en la mejor liga del mundo vistiendo las camisetas de los Bulls de Chicago, los Kings de Sacramento y los Sixers de Philadelphia. Participó en 514 partidos de temporada regular (promediando 10,5 puntos y 4,5 rebotes en 23,4 minutos) y 23 de playoffs (13 puntos, 6 rebotes en 27,7 minutos).

Aterriza en un equipo en plena reconstrucción, con talento joven (Chandler, Gordon y Hinrich). En Chicago le conocen como “Red Bull” y su energía contacta y conecta con el graderío. Cautivaba a su entrenador, Scott Skiles “Es duro, bastante completo y ama este deporte” y a su director deportivo, John Paxson “Es lo que buscábamos físico, agresivo y competitivo”. Rivalizaba por un puesto con Luol Deng (nº 7 del draft). En los últimos 12 partidos de la segunda campaña promedió 19,1 puntos y 10,4 rebotes. En la postemporada pusieron contra las cuerdas a los Heat de Miami en su camino hacia el título, alargando el Chapu su pico de forma (22 puntos y casi 9 rebotes). Recibió el premio al mejor jugador de la franquicia. En el curso siguiente, una fascitis plantar le limita, pero los Bulls le garantizan la vida (38 millones de $ por 5 temporadas). 

En la auténtica ciudad de los rascacielos vivió su apogeo entre los profesionales durante 5 campañas. Amplió sus recursos ofensivos alternando las posiciones de 3 y 4 y ganó tiro con las sesiones individuales con Ron Adams. Cuenta que a las afueras de Chicago pasaba tardes enteras subido a la copa de un árbol provisto de un arco y unas flechas para cazar. Avezado cazador, jamás apresó de esa guisa ni un ciervo ni un jabalí. 

En febrero de 2009 entró en una operación de traspaso múltiple con dirección a los Kings de Sacramento. Allí aguantó temporada y media. En la segunda el israelí Omri Casspi (un ídolo para la numerosa comunidad judía) le recortó minutos y le llevó al banquillo. Llegó a ser detenido por conducir borracho “Juro por Dios que es lo más estúpido que hice en mi vida”, pasó la noche en el calabozo. Para “redimirse” la tarde siguiente anotó 4 triples ante los Jazz. En junio de 2010 fue traspasado a los antaño esplendorosos Sixers de Philadelphia, que iniciada la segunda década del siglo XXI habían perdido cualquier rastro de brillo. Si en la primera campaña disputó 54 partidos, en la segunda fue cortado después de jugar sólo 11 para regresar en marzo de 2012 a Europa. En el 2011, en medio del Lock out de la NBA, se había dado el gusto de retornar a su país para ganar junto a su amigo Leo Gutiérrez el Super 8 con Peñarol (entrenado por Sergio “oveja” Hernández). “No sé si disfrutaría tanto un título en la NBA como aquí. Acá juego al básquet, en otra parte juego por mi laburo”, se franqueó. 

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¡Qué bueno que volviste!

Vitoria esperaba con los brazos abiertos a su primera figura que había emigrado a profesionales. La puesta de largo no podía ser más ostentosa, pues el 9 de abril de 2012 se completaba la remodelación de su fastuoso pabellón. El Madrid era el invitado de lujo en un repleto recinto (15.504 espectadores) de un partido liguero que sería retransmitido a 47 países. En Vitoria restableció sus ganas de competir “Venía de una época de banco en Philadelphia con mucho dolor de nalgas”. Se siente querido y recobra sensaciones, pero en Baskonia notan la crisis y por primera vez en tiempo no acoplan un proyecto competitivo: vaivenes de entrenadores, un montón de jugadores menos identificados e identificables y estrecheces económicas. En abril de 2013, Chapu le dice no a los Spurs de San Antonio, pero aquello no termina de arrancar. El 10 de abril de 2014 quizá realiza su último gran partido con la camiseta vasca. Se picó con Papanikolau que pretendió ridiculizarlo e hizo 37 puntos y 35 de valoración en la inútil victoria de Euroliga en el Palau: “Se dio el juego y se me abrió el aro”. En julio tras 333 partidos, abandona la disciplina alavesa. Firma con el Madrid, que abona 100.000 euros a Baskonia por renunciar al derecho de tanteo. 

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Hormigas en el cuerpo

“Desde afuera vi la vuelta de un grande cuando llegaron a dos finales de Euroliga”. “Tenía un hormigueo grande por jugar en el Real Madrid” (Prigioni se lo aconsejó). “Mi carrera siempre se ha movido por la ambición”. Enseguida Laso definió su rol “Sólo quiero que sea el Chapu”.

La final de Copa en Gran Canaria 2015 la jugó cojeando, con el tobillo como un botijo. 4 tapones sembraron el pánico entre los barcelonistas, 2 balones recuperados lanzándose en plancha estimularon a sus compañeros, un par de triples desataron la locura en la grada. Nocioni había vuelto con el cuchillo entre los dientes. Los jugadores habían apostado con su entrenador: si ganaban, se bañarían de madrugada en la Cibeles. Sólo uno, aguantó el relente y se metió en la fuente: “¿Dónde viste un gaucho sin palabra de honor?”.

Madrid acoge la Final Four de la Euroliga en primavera. Un hueso, el Fenerbahce de Obradovic, en la primera semifinal. El Real no da opción con Nocioni a lo suyo “En este equipo ya sobraba talento, yo trato de hacer otras cosas”. Traduzco: 12 puntos, 6 rebotes, 7 faltas recibidas, 18 de valoración y un marcaje descomunal sobre Bjelica. Los 3 últimos oníricos minutos de Spanoulis frente al CSKA pasan a formar parte de la historia del mejor baloncesto. Inenarrable lo del Dios griego que obra otro milagro y deja a los rusos helados. La reedición de la final de Londres está servida. El Madrid aguanta la presión del local y la del doble finalista en los años precedentes, y plantea un partido a la altura física que la cita requiere. La defensa a Kill Bill y su bloqueo central directo es de clinic. Macioulis, Ayón y Noccioni no hacen prisioneros. El cuarteto español rinde como se espera, Rivers se descubre como un gran fichaje y Carroll anota triples en el momento clave. Chapu (12 puntos, 7 rebotes, 2 tapones, 18 de valoración es elegido MVP) no cabe de gozo: “Por eso vine, quería ponerme en una situación así. Quería jugar una final como esta”. “Soy muy ansioso. Había que soltar a la fiera un rato”. “Me siento más joven que hace 6 años porque estoy compitiendo por ganarlo todo”. Sus camaradas se quedaban sin palabras. “Es adrenalina pura. El salto de calidad que nos faltaba, nos lo ha dado él. Cuando el partido lo necesita, ahí está, nunca se esconde” (Llull). “Tenerlo en el Madrid es una bendición” (Chacho Rodríguez). Se da un piquito en el manicomio del vestuario con su compadre “Facu” Campazzo y avisa: “Vamos por más”.

Y efectivamente le ganan la Liga al Barsa (y pide perdón por si alguien se ha molestado con sus enérgicos gestos en el Palau), la Intercontinental al Baurú en Brasil y la Copa 2016 al Gran Canaria de Aíto, después de deshacerse en semis en un partido enorme (con el Chapu capital jugándose el físico) de Baskonia, que este curso sí tiene un equipo para hacer algo grande. 

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La penúltima hazaña

Después de colgarse el oro olímpico en Atenas, Nocioni da el “gran alegrón” a… España en el Mundial de Japón. Su triple errado en semifinales (la imagen la llevó Pepe Sáez años en el móvil) inicia la era ÑBA. Los argentinos son cuartos tras las estrellas americanas que se habían apagado frente a los dioses griegos en semifinales. 

El bronce de los Juegos de Pekín tuvo su mérito. En cuartos apretaron los dientes para eliminar a los griegos, 80-78, con Ginobili (24) y Delfino (23) como estiletes en las alas. Con los pross en semis llegaron a soñar (40-46), pero los gringos no estaban para bromas (81-101). Argentina alcanzó el bronce frente a Lituania, sin Manu Ginobili lesionado en un tobillo. Scola (16), Delfino (20), Leo Gutiérrez (11), Nocioni (14) aportaron los puntos; Prigioni y Oberto sumaron otros 9 cada uno y un quintal de experiencia. USA no dejó escapar el oro en una final para recordar frente a una España galáctica. En la expedición albiceleste recuerdan el enfado que se agarró el Chapu, pues pensaba que le estaban estafando y que aquella no era la Muralla China. 

Septiembre de 2015, Argentina había acudido al Campeonato FIBA América en Méjico envuelta en un mar de dudas. De los históricos, sólo quedan el Chapu Nocioni y Luis Scola. En la apertura tumban a Puerto Rico. Al segundo partido los jóvenes albicelestes demuestran ser dignos herederos de los “viejos” y se llevan por delante a la favorita, Canadá (que cuenta con 8 NBAs en sus filas). Scola llena la planilla de estadísticas (35 puntos). Superan a Cuba, Venezuela, Panamá, Uruguay y República Dominicana. El 12 de Septiembre, la anfitriona, Méjico que les había vencido en la fase de grupos, espera en semifinales con 17.500 hinchas a su favor. El partido tiene un premio adicional: el billete a los Juegos de Río. Los gauchos se agarran al parquet. A Scola (18 puntos y 10 rebotes) y a Chapu Nocioni (10 puntos y 13 rebotes) no los sacan del Coliseo ni las fuerzas del orden. A lo último “arrastraban las patas”, pero juegan los 40 minutos. Facundo Campazzo se erige en la tercera vía (15 puntos y 8 asistencias). Argentina destroza los pronósticos (se impone 78-70) para acceder a los cuartos Juegos Olímpicos consecutivos. 

Reproduzco fragmentos de la entrevista posterior al Chapu en televisión: “Es una locura… otra Olimpiada. Se me cruza todo… A mí familia por haberme dejado venir otra vez acá… Sabía que había una química… Dudamos por momentos, pero fue increíble… Luis y yo fuimos dos trailers, pero los chicos se portaron bárbaro… Esto es una gloria, algo de lo más lindo que he vivido y eso que he ganado todo este año. Se lo dedico a Argentina, carajo. Realmente la hemos luchado como nunca este año. Me siento orgulloso. Es una cosa que me encanta, por eso vengo” (y se abraza emocionado al periodista, el “mosquito” José Enrique Montesano). Sin palabras. Pasión por el baloncesto, sentimiento por unos colores. Horas más tarde Chapu declara en twitter su profunda admiración por Luis Scola: “¡Con éste conquisto el mundo! ¡Desde los 15 años que estoy con él! ¡Yo puedo decir que jugué con una leyenda!”. Éste le devuelve el agasajo: “Me hiciste emocionar con tu tuit y con tu torneo. Nos queda una batalla. Abrazo amigo”.


El jugador al que todos quieren tener, el mejor compañero de trinchera

El Chapu tiene la virtud de poner de acuerdo a propios y ajenos: todos le querrían tener en su equipo. Es un espíritu irreductible, un canto a la rebelión. No contempla la derrota, ni busca ni encuentra excusas, no valora la tregua, no se pliega a ententes, sólo abraza la victoria. Orgullo de sus fieles, flagelo de sus rivales. Nunca claudica, desmiente a los conformistas. De la necesidad hizo virtud, de la vocación su profesión. 

Le enseñaron a tirar, a pasar. Mejoró la lectura del juego, acompasó tímidamente pulsaciones. Explotó su salto, su exuberancia física, exploró su fiereza defensiva y exprimió su ansia reboteadora. En lo nadie le adoctrinó, lo que venía de serie era su gen competidor, su carácter ganador. Habría que clonarle.

Vos tenés los huevos del caballo de Espartero. No sé cuantos saltos, tiros o rebotes te quedarán, pero mientras, como bien dices: “Habrá que seguir añadiéndole hojas al libro”.



Mi homenaje a una Generación Dorada, con cabeza (“Pepe Sánchez” y Prigioni), manos (Ginobili y Delfino), pies (Scola), corazón (Oberto) y alma (Nocioni). Y muchos más, claro. ¡Ah! Y para cojones, siempre dos docenas. Miles de gracias porque habéis hecho más grande la historia del baloncesto.

10 comentarios:

  1. Este hombre me pone los pelos como escarpias viéndole jugar.¿Se puede transmitir mejor en una cancha la ganas de ganar a este magnífico deporte? Gracias Chap, gracias Juanpe

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  2. Muchísimas gracias Nieves. El Chapu sobre todo transmite. Todos lo querríamos en nuestro equipo.

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  3. Muy bueno lo escrito! Y que decir del chapu, los que amamos el basket nos sacamos el sombrero ante un gigante de corazón gigante que nos hace querer entrar en la cancha para ayudarlo aunque más no sea pasando la toalla para secar tanto esfuerzo!Abrazo desde La Rioja Argentina

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  4. Mil gracias. Sí, parece un gigante en todos los sentidos

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  5. Excelente Juanpa!!

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  6. Mil gracias Julio. Me alegro que te haya gustado. Aquí tienes tu rincón de basket. Un abrazo

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  7. Gran homenaje al Chapu. Imagino que sabras que el prota te ha leído. Saludos!

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  8. Sí. Ha sido un verdadero honor. Además sus comentarios fueron muy cariñosos y halagadores. Un crack el Chapu!

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