domingo, 11 de marzo de 2012

Recordando llego al presente


Reseña Juan Palomo en El Cultural de El mundo el fallecimiento de una actriz argentina, Lydia Lamaison, y se queda con dos de sus lemas que también hago míos en un singular carpe die:  “No hay que aferrarse al pasado” y “ Al futuro prefiero esperarlo”.

Si lo extrapolamos al parquet, al terreno del basket, algunas pinceladas podrían arrojar algo de luz a la dura realidad económica en la que nuestro deporte se encuentra instalado.

Los recuerdos nos delatan.

Dí mis primeros pasos como aficionado al baloncesto de élite en la antigua Ciudad Deportiva Blanca. Empecé a afeitarme para engañar a los porteros y acceder al recinto con entrada para menor de catorce años. Era extremadamente delgado, tardé en dar el estirón, pero la incipiente pelusilla iba ganando terreno y amenazaba con llegar a mostacho.  En casa la paga no daba para mucho, con lo que  o entraba como niño o me quedaba en la calle. Había tres puertas, no muy separadas la una de las otras, y más de una vez después de un primer rechazo me tuve que dirigir, con mucho disimulo y mayor canguelo, a los otros dos accesos para pasar. Durante casi dos años lo logré.




Allí ví a un imberbe Pablito Laso de dieciséis añitos junto al el imprescindible Essie Hollis en el debut  de Chechu Biriukov  o compartí lugar en la grada con el entonces entrenador del infantil del Estudiantes (creo no equivocarme), Pepu Hernández, en el partido de presentación del Oso Pinone. El equipo del Ramiro vestía de rojo y lo sustentaba Caja Postal. Cómo han cambiado los tiempos.

Antes, todavía más crío, recuerdo salir corriendo de la catequesis de los jueves para llegar a tiempo de ver el partido de Copa de Europa del Madrid. Esos dos tiros libres de Prada … Ay hijo, si te dieras igual de prisa para coger los libros y estudiar … me decía mi madre.

No hace tanto, en la Copa de Bilbao, en un garito y disimulando mi vergüenza me acerqué al gran Toñín Llorente  para decirle cuánto había disfrutado viéndole jugar con Inmobanco los torneos de Primavera de mi colegio contra el Paco Velasco del Madrid. ¡Qué buenos eran los dos ¡ Alucinó claro. Pero tronco tú cuántos años tienes, me dijo muy simpático. Lo último que se  figuraba es que a las tantas de la mañana un tío le iba a hacer volver a aquellos años. Lo que no le confesé es que mi verdadero ídolo era el base blanco.
Después de tanta batalla vuelta al presente ya con Pablo Laso convertido en entrenador del Madrid demostrando que lo moderno es lo clásico, tirando de carretón con bloqueos por línea de fondo sobre Carroll para que éste se hinche a lanzar sólo de tres.

Se acabaron las vacas gordas, la bonanza económica ha pasado a mejor vida y las arcas institucionales están tiesas.

Pasta para deporte dices … ¿de dónde?

No nos engañemos el  basket siempre ha sido deficitario y gran parte de los clubs de las capitales  de provincia  se han mantenido  gracias a las ayudas municipales y autonómicas. La mitad de la ACB y la LEB están en situación concursal, han desaparecido categorías y las plantillas vienen confeccionadas con alfileres.
Gracias Endesa. Sin su patrocinio no sé si hubiera echado a andar esta Liga. Esperemos que el futuro esté garantizado durante años.

Las bicicletas son para el verano … y las canastas también. Año tras año nos volvemos con una colección de medallas. Nuestro comando de élite lo componen  chicos sanos, simpáticos, inteligentes, humanos (aunque la mitad jueguen en la NBA), buenísimos y muy competitivos. Afortunadamente huyen de divismos , excusas, complejos y tópicos. Ejemplifican el trabajo de grupo. Priman el colectivo sobre lo individual. No se vanaglorian con las victorias y reconocen y aprenden de las derrotas. No les asustan los retos y no se cansan de ganar. Deberían ser un espejo social en el que muchas entidades y sus empleados deberían hacerse mirar.

Todo eso está muy bien, pero no sé qué pasa que  no acabamos de vender la burra. Para muestra el botón de las audiencias televisivas. Lamentables, pese al esfuerzo del  ente público (gracias Teledeporte).

Siempre que llueve escampa y saldremos de la tan nombrada crisis, espero que más pronto que tarde.  Es la hora de ideas nuevas. De que se dé oportunidades y asomen jóvenes, de que se valore el trabajo de cantera. De que se sigan formando entrenadores y jugadores de calidad, sin prisa pero sin pausa, cada uno requerirá su propio tiempo de cocción. De recuperar a entrenadores que ahora están fuera de los focos, pero que su bagaje y experiencias les hace imprescindibles. De apostar en la carestía económica por el producto nacional (bravo Porfirio); antaño los puestos del nueve al doce de cada equipo eran para los chicos que venían de abajo y ahora no me creo que no puedan tener su espacio en las actuales rotaciones.
En fin, de todo se aprende. El pasado nos enriquece, el presente nos pone los pies en la tierra y para el futuro hay que pensar en positivo, siempre positivo.

2 comentarios:

  1. Fernando Gómez Martin13 de junio de 2012, 23:11

    Coincido plenamente contigo, particularmente el ultimo párrafo es perfecto, inmejorable. De las crisis se aprenden muchas lecciones y tal vez una de las mas importantes es volver a sacar el máximo provecho de lo que se dispone.

    ResponderEliminar
  2. Vamos a aprender de los errores y mirar con cierto optimismo el presente, que si no ...

    ResponderEliminar