Nunca gustan las
despedidas. Enñoñan y encogen el corazón, pero hay que afrontar la jubilación o
el cese de actividad de algunos de nuestros mejores jugadores.
Nunca gustan las
despedidas. Enñoñan y encogen el corazón, pero hay que afrontar la jubilación o
el cese de actividad de algunos de nuestros mejores jugadores.