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viernes, 29 de enero de 2021

Fernando Martin, el gallo del corral

 


La duda ofende. Que Fernando Martín es uno de los mejores deportistas de nuestra historia no entra en cábalas. Por lo que fue y significó.

domingo, 2 de agosto de 2020

Carlos Jiménez, el Gran Capitán



Carlos Jiménez: “Por resultados, España debería ser cabeza de ...

Hace bien poco, su nombre tituló secciones de deportes y su rostro cerró telediarios. Esta vez no se trataba de un campeonato, de colgarse otra medalla. No. Desde la normalidad, sin estridencias, “sólo” anunciaba que se hacía a un lado, abandonaba su vinculación con el deporte. Dejaba de ser director deportivo de Unicaja Málaga para dedicarse al cuidado de sus hijos. Lo explicaba sin darse importancia, pensando en plural (nada diferente a lo que en su trayectoria nos acostumbró): “Somos una familia. Mi mujer lleva 20 años sacrificándose, dedicada a mi y a mis hijos. Ya la toca. Es hora de que ella se desarrolle profesionalmente y aproveche su oportunidad”.

No lo dice un cualquiera. Detrás asoma un campeón mundial, un subcampeón olímpico y europeo. No es poca cosa, pero él no le concede significación especial al hecho, lo ve de manera natural. Siempre huyó de protagonismos y orilló egos en su carrera y en su vida diaria. Su apariencia confirma el talante de buen chico y niega el del tenaz competidor que se convirtió, sin buscarlo, en el capitán de la mejor selección española que vieron los tiempos. “No era de hablar mucho. No le hacía falta. Pero cuando tomaba la palabra, todo el mundo lo escuchaba” (Pepu Hernández).

Hoy toca historia grande, incluso a su pesar. La del Gran Capitán (como Gonzalo Fernández de Córdoba), la de un tipo extraordinario de apellidos comunes: Carlos Jiménez Sánchez.

 


martes, 25 de febrero de 2020

Los Sagi-Vela, una saga de Baloncesto







SAGI-VELA. Es pronunciar el apellido y asociar y separar las sílabas: BA LON CES TO. Te imaginas un aro del que cuelgan unas redes desvencijadas, te llega el sonido lejano de un balón botando, huele a linimiento, a sudor, sientes el relente de la Nevera o el Magariños y haces hambre para el aperitivo en la mañana del domingo cerca del Palacio de los Deportes. Cinco Sentidos (como mi restaurante de referencia en “el Foro”) te conducen a una canasta.
Nos trasladaremos al Madrid guapo, en pleno Viso. Partiremos en el histórico colegio Maravillas, rodearemos la “Plaza de los Delfines” (en realidad es la de la República Argentina, pero no la conocen por tal ni los taxistas) y nos abrigaremos para entrar en territorio estudiantil, allá donde “residieron” las musas de Lorca o Dalí. Andando el tiempo, rescataremos un deporte amateur de otra época, de cemento, intemperie y tableros de madera. Abriremos el frigorífico de La Nevera y pisaremos alguna tabla hueca del Magariños. Sí, hoy España es nuevamente Campeona del Mundo y han pasado algunos años desde que el alquimista Pepu Hernández pronunciara las sílabas mágicas. El doble milagro exhorta a los brillantísimos protagonistas actuales, pero al deslumbrante edificio le cimentaron sus primeras piedras, hace más de medio siglo, animosos jugadores de talento que tenían y veían en su deporte más una maravillosa diversión que una profesión.
Para los que ya peinamos canas sólo contextualizamos el rimbombante apellido alrededor de unos aros y una pelota. La estirpe tiene su historia y habrá que contarla. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Mike Hansen, I love this game


De cuando se batía en duelo en los patios y canchas madrileñas frente a mi amigo Juanjo Ranea “el mejor jugador de Mini que he visto en mi vida”, según Mike, han pasado muchos inviernos, casi todos ligados al baloncesto. Se formó en las canteras de Canoe y Estudiantes, saltó el charco junto a su añorado Sergio Luyk, capitaneó la universidad donde cimentó un tal Shaquille O´Neal  su leyenda, rascó chapa (bronce) en el Europeo de Roma, pero quedó fuera de la lista definitiva de Díaz Miguel para los Juegos del 92 de Barcelona. Regresó a España, jugó en una riestra de equipos ACB y triunfó como expatriado en Alemania. Disfrutó siempre en todos los apeaderos de su extenso camino.
El niño que en las madrugadas de marzo ansiaba algún día jugar la NCAA cumplió su sueño. Ahora el adulto se ha liado la manta a la cabeza para embarcarse en otra aventura onírica y fascinante: devolver a Valladolid a la élite del basket. Así es Mike Hansen, otra historia de amor perenne con el baloncesto.

sábado, 13 de febrero de 2016

John Pinone, un americano diferente






¡Cómo hemos cambiado!, cantaba Presuntos Implicados. En tres décadas (que son más de una y más de dos) todos hemos ganado (peso), perdido (pelo), aclarado (la frente y con suerte las ideas) y asomado a la madurez (las arrugas, como el algodón, no engañan). Apenas se venden periódicos (bendito papel) porque todo está en la red. El basket ha abierto fronteras y los equipos forman un crisol de nacionalidades. 

El chavalito con la bufanda azul a dos tonos al que su padre le cuenta que hace 30 años Estudiantes pasó de animador de la Liga a serio aspirante al título, dudara de su progenitor. Cuando éste prosiga con la cantinela de que tenían a dos de los mejores extranjeros (cuando sólo se admitían dos y eran mayoritariamente norteamericanos) de la ACB, pensará que ha perdido la chaveta. 

La historia viene de largo (pero es cierta). David Russell primero, y Ricky Winslow después, constituyeron junto a John Pinone, una de de las mejores parejas de foráneos de la época. Y a su alrededor, magnetizados, crecieron exponencialmente un montón de jóvenes talentosos, descreídos y descarados que llevaron al club del Ramiro a su Edad de Oro. 

Si Russell parecía siempre preparado, impecable, para ir de cóctel a un selecto club gourmet; Pinone se acercaba más al paisano que campaba a gusto de aperitivo con sus colegas. Si David era el divo de los adolescentes, el poster de sus carpetas; John se erigía en el centro de las tertulias de los mayores, llenaba de orgullo el corazón de los aficionados de siempre. El elegante moreno apenas hablaba castellano, el blanco en meses ya chapurreaba la lengua de Cervantes. El alero irradiaba brillo, el poste desprendía alma. La exuberancia versus la parquedad.

Cuando Magariños tiene ahora más de hotel con spa que de antiguo casino de capital de provincia donde se congregaban los parroquianos entre humaredas de tabaco para disfrutar/sufrir de una tarde de baloncesto “con encanto”, regresamos a la “Era del Oso” de la mano/zarpa del gran John Pinone. Subimos al desván para desempolvar sus hazañas.

miércoles, 21 de enero de 2015

Nacho Azofra, El Último "Demente"

Fue… jugador del primer equipo de Estudiantes durante 16 años. Fue… su segundo entrenador la temporada que casi bajan. Fue… su director deportivo cuatro campañas y se comió el marrón del descenso (luego no consumado). Fue… un icono para varias generaciones de “dementes” que veían en él a su último y genuino representante. Para algunos un genio, para otros no tanto… “El chico más listo de la clase” (Andrés Montes)… “El Curro Romero del baloncesto” (Ramón Trecet)… Todos en uno. 



Absolutamente alejado de lo que gran parte de la sociedad actual estigmatiza como estrella del deporte, Nacho era un espíritu libre, contracultural, en sus modos y hasta en sus apariencias. Sus gorros marroquíes y sus cuernos en las celebraciones de los triunfos, sus zapatillas rojas cuando no las llevaba nadie, le concedieron un halo alternativo idealizado por sus seguidores. Huyendo de toda estética opulenta, hasta los 31 años no se sacó el carnet de conducir e iba a entrenar en transporte público. Directo, quizá políticamente incorrecto, siempre estuvo del lado del jugador, del amigo (Alberto Herreros, Carlos Jiménez…), incluso cuando abandonaban el barco. Es… Nacho Azofra, el chaval que se pasaba horas jugando al Mini. 



domingo, 10 de noviembre de 2013

El maestro Ignacio Pinedo


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El protagonista de hoy es toda una referencia de nuestro universo baloncestístico pero, como argüía Javier Limón sobre los Beatles en su maravilloso programa musical “Un lugar llamado mundo”, no por el tiempo transcurrido sino por el que todavía le queda y por el poso dejado que trasciende generaciones. 

En la actualidad, contagia alegría el Madrid de Pablo Laso al amparo de un modelo tradicional: defensa, contragolpe y sencillez en ataque. El patrón, tan académico como romántico, lo creo heredero del estilo que hace décadas preconizó Ignacio Pinedo. No garantiza títulos (ninguna patente los certifica), pero sí llena las canchas, enamora a los aficionados y atrae a los indecisos. Hoy abordo la figura de Pinedo, que junto a Eduardo Kucharski, Pedro Ferrándiz y Antonio Díaz Miguel marcaron, entre otros muchos, el devenir del deporte de la canasta en sus primeros 50 años de existencia en España. No fue un revolucionario en cuestiones tácticas, no ideó ningún sistema ciertamente novedoso. Su éxito se cimentó en el conocimiento y motivación de los jugadores, en la hábil gestión de grupos y en su formidable dirección de equipos. Vamos lo que ahora viene a ser el tan traído “coaching”. Pinedo nunca estuvo tan de moda como en los tiempos modernos, que diría Chaplin. Siempre fue un adelantado. 

viernes, 24 de mayo de 2013

La casa de los Martínez (Arroyo, claro)


Para el ciudadano medio español ya madurito, el título inicial del artículo le traerá a la memoria la magnífica serie (luego llevada al cine) que a finales de los sesenta tenía postrados ante el televisor a millones de personas que seguían las peripecias de la singular familia. Para el avezado en el deporte, el común apellido no necesitaría de la aclaración entre paréntesis, pues sabría que alude a una de las más grandes dinastías que ha dado el mundo de la canasta. El patronímico va asociado al Estudiantes desde su creación y ha perdurado seis décadas después. La saga (como otras tantas en el club: los Bermúdez, Codina, Ramos, Sagi-Vela, Martín, Reyes, etc) merecía un relato, que centraré en su representante más reconocido, Juan Antonio, y sus dos hijos varones, Pablo y Gonzalo.


martes, 29 de enero de 2013

Una de Copas




Me encanta la Copa.

Todos los años estoy deseando que llegue febrero para escapar unos días de la vorágine laboral y sumergirme con mis amigos en un ambiente festivo de sano deporte.  Cada vez más adeptos se suman al plan y el que va por primera vez, repite. Vuelve fascinado con el espectáculo y con el espíritu de camaradería que se vive en torno al evento. Hemos tenido de todo, hasta uno que se apuntó pensando que venía a ver voleibol. Entre nosotros están representados la práctica totalidad de los equipos participantes. En mi primera comparecencia en Zaragoza, en uno de los partidos de semifinales se volvió uno de los espectadores y nos preguntó: pero vosotros ¿de qué equipo sois? Era difícil saberlo, pues cada uno animaba al suyo y aplaudía las buenas jugadas de todos. Para el que le guste el deporte de verdad, creo que no hay competición comparable.

Ya tenía ganas de volver a Vitoria. En las ciudades más recogidas -Vitoria, Málaga, Zaragoza- el aroma a baloncesto no escapa como en las grandes urbes. Se condensa y toda la localidad se empapa del evento. Pero Gasteiz se lleva la palma. En la actualidad, ningún otro sitio se identifica más con su equipo ni con su deporte. En cualquier bar, quiosco o comercio te hablan de basket y la gente se siente orgullosa de su club. Pasear o ir de pinchos (qué ricos) es un auténtico disfrute. La anterior edición alavesa glorificó al Joventud de Aíto y colocó en el camino del estrellato a Ricky Rubio y Rudy Fernández (32 puntos aquel día), con el mérito añadido de llevarse la final ante el Baskonia. Han pasado cinco años y volvemos al lugar de los hechos, a un pabellón remodelado, convertido en la envidia de Europa, y que será el teatro de los sueños de los equipos participantes y sus seguidores.

Como si se tratara de un clinic en el que se fuera a explicar un ejercicio en medio campo, el sorteo ha deparado un teórico lado fuerte, con los gallos de la competición, y un lado débil, con equipos con mucha hambre y ganas de algo sonado. Salvo sorpresa maña mayúscula, el domingo veremos a unos de los favoritos en la final. Pero ¿llegará tan tocado para entre tanta batalla perder la guerra? ¿Será el año de un tapado menos exigido en las eliminatorias? Veremos. En las próximas líneas me entretendré en explicar cómo llegan los equipos y recordaré alguna de las ediciones más exitosas de cada cual. 

viernes, 26 de octubre de 2012

La vuelta de Don Alejandro




Otro a sus años (aunque no lo crean va a cumplir 66 tacos) y con su pasta estaría disfrutando de un cómodo retiro, viendo los toros desde la barrera, pero al señor García Reneses le va la marcha, tiene la droga del basket metida en el cuerpo y ha retornado a las canchas a orilla del Guadalquivir, tras un maquiavélico fichaje, con la salida en verano de Joan Plaza hacia Kaunas y el presumible ascenso de su segundo, el muy válido Diego Ocampo. Al final, o quizá calladamente desde el principio, la junta directiva sevillana decidió que el madrileño ocupara el banquillo cajista este año. Vuelven los caramelos de miel y limón a la ACB.
                                                           
Así  que como estamos de enhorabuena repasaré la trayectoria del que sin duda ha sido el mejor y más innovador entrenador español de baloncesto los últimos treinta años. Sí, antes de que lo diga nadie, ya sé que no ha ganado la Copa de Europa, pero es el más laureado (con el permiso de Lolo Sainz) de los técnicos españoles de la época, a unos cuantos cuerpos del resto.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Un historia de patio de colegio (Claret)



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Corría el año 81. En febrero España se había llevado el susto padre. El día 21 unos guardias civiles habían entrado en el Congreso en nombre de la Patria y habían intentado dar un Golpe de Estado.

El mundo no daba para sobresaltos, el  13 de mayo, un fanático religioso, Mehmet Ali Agca, pretendió asesinar de un disparo a corta distancia al Papa Juan Pablo II mientras éste saludaba a los fieles en la Plaza de San Pedro. A mi abuela Juana, que era una castellana recia, dura como el pedernal, casi la da algo. ¡Joder con la movida de los ochenta! 

Como todos los años en septiembre daba inicio el curso escolar y en un colegio de Madrid, el Claret, comenzaban las clases y por ende la temporada deportiva. El centro, ubicado junto al edificio de Torres Blancas en pleno distrito de Chamartin, era por volumen de alumnado uno de los más grandes de Madrid. Toda la clase media del popular barrio de la Prospe ahorraba sus buenas pesetas para que los curas dieran a sus hijos una buena educación. Por entonces era un colegio de pago para chicos. Ahora es concertado y mixto.

En cuestión de deportes era conocido por el judo, la gimnasia (Fiyo Carballo impartía clases en la segunda etapa de la EGB y del colegio salieron un montón de campeones de España que luego acudieron a los Juegos Olímpicos) y el baloncesto.

domingo, 29 de abril de 2012

No nos lo podemos perder

Marta y Fran se conocieron el primer día de instituto.
Ella, fiel a su costumbre, había llegado pronto. No quería llamar la atención. En el pasillo repasó las listas y comprobó que por apellido, García García, qué original, iba a pertenecer a 1º A. Un rótulo sobre la última puerta al final del pasillo indicaba el acceso al aula. No conocía a nadie. Todo era nuevo para ella. Había cursado toda la EGB en el colegio de monjas, San Ramón y San Antonio, anejo al Colegio Alemán, que se encontraba muy cercano a su casa. Como con su hermana mayor, sus padres decidieron que con catorce años sería bueno que hiciese el bachillerato en un centro público de prestigio, el Ramiro de Maeztu. La grata experiencia con la primera de sus hijas les había animado, pese a la oposición de la pequeña que no quería abandonar ni su cole ni por supuesto a sus amigas.
Un saludo breve dio paso a una conversación intrascendente con dos de sus nuevas compañeras que indagaron sobre su procedencia y averiguaron que el verano lo había pasado con su familia en la casa de Calpe.
Cuando la tutora, la profesora de Historia del Arte, iba a entrar en el aula observó que un chico moreno con el pelo al uno, espigado y fibroso que llegaba sin aliento con el tiempo justo le cedía cortésmente el paso, para luego tomar asiento dos pupitres delante del suyo. Enseguida se dio cuenta de que el chaval tenía tirón. Chocó las palmas con los de alrededor, recibió un par de collejas cariñosas y le tantearon con preguntas, ¿qué pasa Frankie? ¿qué tal las vacaciones? ¿has crecido, no?
Hasta el primer descanso Francisco Aguilar no reparó en la chica pelirroja que desde sus grandes ojos color chocolate derretido le observaba tímida. Cuando a media mañana el timbre anunció la hora del recreo se acercó a ella decidido:
-          Hola soy Fran ¿y tú?
-          Yo Marta y soy nueva.
-          Pues bienvenida. Ya verás cómo te va a gustar el instituto.
Javier Alegre, un chico argentino  de aire despistado que durante las primeras horas se había sentado a la derecha de Fran interrumpió la conversación:
-          Vamos tío, que luego nos quitan la cancha.
-          Perdona Marta, pero me tengo que marchar. Luego te veo. – se disculpó Fran.
Cuando ya se iban, Fran se giró y señaló a su amigo:
-          Éste maleducado es Ale y es un boludo bastante majo- casi gritó Fran, que al poco recibió un pescozón.
-          Pues encantada – respondió sonriente mientras los veía alejarse.
La misma rutina se repetía durante años. La pachanga del recreo era sagrada y había que llegar pronto para coger campo. A veces, si los partidos eran de nivel, se paralizaba el patio y la gente dejaba de jugar para ver a los buenos que, a pesar de que lo tenían prohibido por sus entrenadores, jugaban en Mini, en canastas pequeñas. Algunos de ellos todavía recuerdan hoy, ya profesionales, aquellos como los mejores partidos de su vida.

lunes, 9 de abril de 2012

Los Balcanes y El Negro (la antigua Yugoslavia)


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La guerra
Desde tiempos inmemoriales el sureste de Europa ha sido escenario permanente de conflictos. El crisol de etnias, culturas y religiones ha mezclado mal, muy mal.
La Primera Guerra de los Balcanes, que tuvo lugar en 1912 y 1913, entre la Liga Balcánica (Serbia, Bulgaria, Montenegro y Grecia) y el Imperio Otomano, culminó con la derrota turca y derivó en la Segunda por las desavenencias de los vencedores. Serbia, y posteriormente Montenegro, Rumania y el Imperio Otomano, declararon la guerra a Bulgaria que finalmente claudicó. Los tratados de paz sucesivos rebajaron el peso geográfico y económico de turcos y búlgaros en el área y consolidaron un estado Serbio más poderoso, aumentando los recelos del vecino Imperio Austro-húngaro. El asesinato en Sarajevo del heredero al trono, el Archiduque Francisco Fernando de Austria, dio lugar al inicio de la Primera Guerra Mundial.
Durante la Segunda Guerra Mundial las fuerzas del Eje otorgaron el mando de la zona a una organización fascista croata, la Ustade, a la que combatió y venció la  milicia serbia Chetnik. Se formó la República Federal Socialista de Yugoslavia con seis repúblicas regionales (Eslovenia, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Montenegro y Serbia) y dos provincias autónomas (Kosovo y Metohija y Vojvodina) bajo el mando del General Tito y la atenta mirada de Rusia.
La caída del Muro de Berlín en noviembre de  1989 supuso el final de la Guerra Fría y el desmoronamiento de los distintos regímenes comunistas en Europa del Este.
Los deseos de secesión de las dos regiones más prósperas del norte de Yugoslavia, Eslovenia y Croacia, chocaron frontalmente con las pretensiones centralistas de la Serbia de Milosevic. El advenimiento  de la guerra era un hecho.
El corazón del país se agrietó en cuatro frentes principales: Eslovenia con la Guerra de los Diez Días (26 de junio a 6 de julio de 1991); Croacia, desde el 31 de marzo de 1991, y Bosnia, desde el  6 de abril de 1992, en ambos casos hasta los Acuerdos de Dayton del 14 de diciembre de 1995; y Kosovo, desde enero de 1998 hasta junio de 1999.
En su conjunto el conflicto fue el más sangriento ocurrido en el Viejo Continente desde la Segunda Guerra Mundial. Entre 130.000 y 200.000 muertos y millones de personas desplazadas de sus hogares. Genocidios, crímenes de guerra, barbarie. En los albores del siglo XXI, en una sociedad que se autodenomina desarrollada, es incomprensible e imperdonable.