viernes, 21 de septiembre de 2018

¡Vamos chicas!





¡Cómo no os vamos a querer!
Me da casi igual la plaza que finalmente ocupéis o el metal que agarréis porque a mí y a otros tantos y tantos nos tenéis esposado a la pantalla todos los años por estas fechas. Me vale con vuestro compromiso eterno y vuestras ganas contagiosas. 
Durante meses tenemos delito. Lo asumo, os pido perdón, pero me han soplado que como sois buena gente me sabréis perdonar. Sí, porque repartidas por los mejores equipos de la geografía europea, apenas os hacemos caso. Con el calor, concluye la diáspora y os reunís para que no podamos quitar los ojos del televisor. 


domingo, 19 de agosto de 2018

El fabuloso Chris Webber


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Con frecuencia, un hecho marca la carrera de un jugador. Una lesión inoportuna, una canasta fundamental, una decisión trascendente, una declaración mediática, un fallo irremediable… Éste es el caso de nuestro personaje. Un adolescente al que perseguían los más reputados proyectos universitarios, una estrella en la NCAA cuyo paso a los profesionales vino precedido por un error garrafal grabado a fuego para siempre en los libros de historia.
Eso no emborrona una trayectoria brillante. Nadie olvida el bienio en Michigan de los Fabolous Five porque trascendieron a los títulos e incluso a la propia competición que mutaron para siempre. Como tampoco ha caído en el baúl de los recuerdos su doctorado profesional, sobresaliendo en Sacramento, al mando de unos luminosos Kings que hicieron soñar despiertos a una generación.
Éste es el perfecto ejemplo de jugador de calado al que los títulos no adornaron su ingente calidad, pero al que la memoria del buen aficionado siempre viene a rescatar. Ése mismo que citará de carrerilla el quintero de novatos que transgredió el encorsetado panorama colegial de principios de los 90 y el que pondrá en el pedestal del entretenimiento a los divertidísimos “Reyes”, que desde una franquicia menor, revolucionaron el universo NBA. Hoy giramos la mirada hacia uno de los talentos más ingentes que ha dado nuestro deporte, Chris Webber.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Luyk, un tío con gancho


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“Hay un antes y un después de Clifford Luyk en el baloncesto español”. La frase hay que atribuírsela hace ya lustros a un rival y compañero, Juan Antonio Martínez Arroyo. Para calibrar su verdadera valía podríamos echar un vistazo a su curriculum (33 títulos), pero su importancia hay que alejarla de los fríos números. El Madrid y la selección después, crecieron al cobijo de su alargada sombra hasta arrimarse a la altura de los grandes, sin excusas, ni complejos. Armado para lo grueso, dotado para lo fino, su estilizada figura guardaba las piezas de un campeón. Respondía a la terca estirpe de jugador de ceño fruncido que cree que lo mejor de ganar es no perder, y así contagió su espíritu depredador a lo largo de década y media.
Socarrón, presume de ser el mejor jugador de mus nacido fuera de la Península Ibérica. Como las cartas sólo acierto a sostenerlas y no sé si será para tanto, indago en las páginas amarillentas del basket para cotejar qué hay de mito en las palabras de reconocimiento del fenomenal base de Estudiantes.

martes, 23 de enero de 2018

La Camiseta


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Nadie del gran público había oído hablar de él cuando le convocaron de urgencia con los profesionales. “A las 11 en punto preséntate sin falta en la puerta de jugadores”, le había comunicado su entrenador en el junior.
Recién llegado le habían acomodado temporalmente en una pensión de confianza junto a un argentino que se pasaba el día canturreando rap. No pegó ojo. No esperaba la noticia. Le había costado un mundo salir del pueblo y todavía estaba cogiéndole el aire a la ciudad. “Sólo te falta la boina y las gallinas”, le vacilaba el que a la postre se convertiría en su mejor compañero y en su lazarillo en la urbe.
Retraído, tímido, era en la cancha donde más a gusto se mostraba. En el instituto pasaba desapercibido (y disfrutaba en el anonimato). Un poco más alto de lo normal, bastante más silencioso de lo corriente, sus notas no sobresalían de la media. Sólo un puñado de colegas conocía que ese verano había llegado de fuera para jugar al baloncesto en el club local.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Bill Russell, el eterno ganador




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Que Bill Russell es el mayor ganador de la historia del baloncesto no es rebatible. Sus ratios de eficiencia (11 títulos sobre 13 campeonatos), así lo atestiguan. Un depredador al que le falta un dedo para engarzar todos sus anillos. 

Que transformó la concepción del juego no admite discusión. Desde su llegada la defensa cobró una importancia capital, equiparando los dos lados de la cancha. “No se trata de taponar todos los tiros, sino de hacer creer al rival que puedes tapar cada lanzamiento”, rezaba su credo. “Teníamos que procurar mantener el balón fuera de su alcance; era como alejar la comida a un león hambriento”, testimonia JackTwyman, gran anotador en los Royals y posterior comentarista en la NBC. Hegemónico, el poder coercitivo de sus gorras y rebotes tiranizaron la liga profesional norteamericana durante una década. Auerbach le rodeó de compañeros que le hicieron mejor y él les multiplicó exponencialmente sus virtudes para establecer una dinastía histórica. “Tenemos 20 mil espectadores, 10 jugadores, 3 árbitros, 2 canastas y 1 balón. Y lo que ocurra con ese balón es lo único que me importa”, declaraba el dominante pivot. 

No es verdad. Bill era serio, incluso agrio. Desapegado con la prensa, no firmaba autógrafos y hasta parecía desubicado en la elitista Boston, pero era de ley, comprometido, frontal y en una época de plena combustión social muy fastidiosa para los de su raza, se convirtió en un firme defensor de la igualdad y los derechos civiles. 

“Esta es la historia de un negro y de un profesional del baloncesto”, así prologaba su biografía. Les invito a profundizar en un mito, muy a su pesar, de la historia del deporte, Bill Russell.